EL MONSTRUO DEL CLÓSET… EL HOMBRE QUE HORRORIZÓ A MÉXICO Y CHILE | Caso María Isabel Pavez

Imagínate salir de casa para reunirte con tu expareja, avisarle a tu madre que volverás pronto y desaparecer sin dejar rastro.

Pero los mensajes siguen llegando, las respuestas continúan apareciendo en tu celular y tu familia cree que todavía estás viva hasta que una investigación policial descubre algo imposible, que el hombre con el que te reuniste ni siquiera existe.

En diciembre de 2020, la desaparición de un estudiante de 22 años conmocionó a Chile.

Su nombre era María Isabel Pavez, lo que comenzó como una búsqueda desesperada, terminó revelando una historia mucho más oscura.

Ya con el cuerpo, la huella revelaron que usaba una identidad falsa.

En realidad era Carlos Méndez, un prófugo buscado en México por un caso similar.

Una historia de identidades falsas, mentiras construidas durante años y un asesino que llevaba más de una década escondiéndose de la justicia.

Pero el secreto que ocultaba no estaba en Chile.

Había comenzado muchos años antes y a miles de kilómetros de distancia.

Relatos Criminales.

El caso de María Isabel Pavez.

En diciembre de 2020, María Isabel Pavz Zamora tenía 22 años.

Era estudiante de segundo año de obstetricia y vivía junto a su familia en la comuna de la Florida.

en Santiago de Chile.

Quienes la conocían la describían como una joven responsable, cercana a su madre y enfocada en sus estudios.

Durante varios años había mantenido una relación sentimental con un ciudadano mexicano llamado Igor Yaroslav González.

La relación se había extendido por aproximadamente 6 años.

con el tiempo atravesado dificultades y finalmente decidieron separarse.

Sin embargo, el vínculo entre ambos nunca desapareció por completo.

A pesar de la ruptura, seguían manteniendo contacto frecuente.

María Isabel conocía bien la situación de Igor.

 Sabía que gran parte de su familia se encontraba fuera de Chile y creía que él llevaba una vida bastante solitaria en el país.

Por esa razón, en varias ocasiones, continuó preocupándose por su bienestar, incluso después del término de la relación.

Para la madre de María Isabel, Lorena Zamora, Igor era simplemente el exnovio de su hija, un ciudadano mexicano reservado que había formado parte de la vida de María Isabel durante años.

 Nada en apariencia parecía indicar que representara un peligro.

Los días previos a la tragedia transcurrieron con normalidad.

María Isabel continuaba estudiando y compartiendo con su familia mientras se acercaba el fin de año.

Pero el jueves 17 de diciembre de 2020 ocurriría algo que cambiaría todo.

Ese día, María Isabel decidió reunirse con Igor.

 Antes de salir de casa, informó a su madre sobre sus planes.

Le explicó que iba a encontrarse con su expareja en un departamento ubicado en la calle San Pablo en el centro de Santiago.

No era una reunión extraña.

Después de tantos años de relación, aquella visita no despertó sospechas entre sus familiares.

María Isabel salió de su hogar pensando que regresaría poco después.

 Además, se acercaba un fin de semana largo, por lo que nadie imaginó que aquella salida pudiera convertirse en motivo de preocupación.

Las horas pasaron y nadie sabía que aquella sería la última vez que su familia la vería con vida.

Las cámaras de seguridad del edificio ubicado en la calle San Pablo registraron el ingreso de María Isabel Pvez junto a Igor Yaroslav González.

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Aquellas imágenes serían fundamentales para la investigación y también las últimas que mostrarían a la joven con vida.

Dentro del departamento, ambos permanecieron varias horas juntos.

En ese inmueble recibía además otro joven que compartía la vivienda con Igor.

Sin embargo, aquella noche la situación permitió que permanecieran prácticamente solos.

Más tarde salieron a realizar unas compras en un supermercado cercano.

Las cámaras volvieron a captarlos caminando juntos.

Después regresaron al departamento y una vez dentro comenzó una discusión que se prolongó durante varias horas.

Con el paso del tiempo, la conversación se volvió cada vez más tensa.

Durante el juicio, el agresor aseguraría que actuó impulsado por la frustración y la ira provocadas por problemas sentimentales.

Ya entrada la madrugada del 18 de diciembre, tuvo acceso a un arma blanca que se encontraba en el lugar.

Poco después ocurrió la agresión que cambiaría el caso para siempre.

María Isabel sufrió lesiones de extrema gravedad.

La agresión fue tan grave que la joven falleció pocos minutos después.

Tras el ataque permaneció varios minutos en estado de shock, pero entonces escuchó algo inesperado.

 Su compañero de departamento acababa de regresar al inmueble.

Preso del pánico, comenzó a ocultar todo lo ocurrido.

Cubrió el rostro de María Isabel con una cobija.

Después envolvió el cuerpo en frazadas y finalmente lo introdujo dentro del closet de la habitación.

Luego cerró la puerta con llave.

Mientras tanto, el otro residente utilizó normalmente la cocina, el baño y las áreas comunes de la vivienda.

Jamás sospechó que al otro lado de aquella puerta cerrada permanecía oculto un cadáver.

La justicia determinaría posteriormente que no tuvo ninguna participación en los hechos.

Pero mientras el cuerpo permanecía escondido dentro del departamento, el responsable ya estaba pensando en su siguiente movimiento.

Y ese plan consistía en convencer a todos de que María Isabel seguía viva.

Pregunté cómo estaba.

Me decía que estaba decaída, que estaba triste.

Eh, después yo intenté ver cómo estaba al día siguiente.

Le pregunté cómo estaba.

Dijo que no tenía ganas de hablar.

Para la mañana siguiente del crimen, el responsable puso en marcha un plan para evitar que la desaparición de María Isabel despertara sospechas inmediatas.

Tomó su teléfono celular y sus llaves.

Después abandonó el edificio completamente solo.

Las cámaras de seguridad registraron su salida.

Mientras tanto, la familia de María Isabel comenzaba a preguntarse por qué no regresaba a casa.

Poco después, Lorena Zamora recibió mensajes desde el teléfono de su hija.

Todo parecía normal.

 Los textos utilizaban expresiones que María Isabel solía emplear habitualmente.

Incluso la llamaban por el apodo que usaba en privado, Lore.

En uno de esos mensajes, la supuesta María Isabel explicó que su celular se había dañado porque le había caído agua.

Aseguró que el micrófono no funcionaba correctamente y que por esa razón no podía enviar audios ni responder llamadas.

Luego pidió ayuda económica para comprar un teléfono nuevo.

Preocupada, Lorena realizó una transferencia de 200,000 pesos chilenos.

El dinero terminó en manos del asesino.

Durante las horas siguientes continuaron llegando mensajes.

En ellos se afirmaba que la batería estaba por agotarse y que sería difícil mantener contacto.

 Cada respuesta parecía diseñada para ganar tiempo.

Cuando Lorena intentó comunicarse con Igor para saber si había visto a su hija, recibió una respuesta inesperada.

Él aseguró que no la veía desde hacía varios días.

Incluso afirmó que la había notado triste y deprimida durante las últimas semanas.

La intención era instalar la idea de que María Isabel se había marchado voluntariamente.

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Después dejó de responder llamadas y finalmente apagó su teléfono.

La preocupación de la familia aumentó rápidamente.

Ante la ausencia de noticias se presentó una denuncia por presunta desgracia.

La policía de investigaciones inició entonces una intensa búsqueda para reconstruir los últimos movimientos de María Isabel.

Los detectives comenzaron analizando las señales emitidas por su teléfono celular.

La información obtenida permitió establecer que el aparato seguía registrando actividad en el sector de Santiago Centro.

Al mismo tiempo, los investigadores revisaron una tablet que María Isabel había dejado en su casa.

 Dentro del dispositivo encontraron una fotografía publicada en Instagram.

La imagen mostraba una vista desde un balcón con la torre telefónica de Santiago visible al fondo.

Aquella fotografía parecía insignificante, pero terminó convirtiéndose en una pieza fundamental.

Gracias a ese detalle y al trabajo de empadronamiento realizado por los detectives, la PDI logró identificar el edificio exacto donde María Isabel había sido vista por última vez.

 Con esa información, la Fiscalía obtuvo una orden judicial.

El 23 de diciembre de 2020, los investigadores ingresaron al departamento ubicado en la calle San Pablo.

Desde el primer momento percibieron un olor extraño proveniente de una de las habitaciones.

Al acercarse al dormitorio utilizado por Igor, descubrieron que la puerta estaba cerrada.

 Cuando finalmente lograron ingresar, encontraron varias frazadas dentro de un closet.

Y allí estaba María Isabel.

Su cuerpo permanecía oculto exactamente donde había sido dejado días antes.

La autopsia confirmó que había muerto la misma noche del 17 de diciembre, pero aquel hallazgo apenas era el comienzo.

Porque mientras los peritos procesaban la escena, la investigación reveló algo todavía más inquietante.

El hombre que todos conocían como Igor Yaroslav González no existía y detrás de ese nombre se escondía un secreto que llevaba más de 11 años oculto.

Llegamos al departamento por la señal del celular, forzamos la habitación del sospechoso y dentro del closet hallamos un bulto envuelto enfrasada.

Era María.

El haladro del cuerpo de María Isabel permitió que la investigación avanzara en una dirección completamente inesperada.

Mientras los peritos analizaban el departamento de la calle San Pablo, los detectives comenzaron a revisar la identidad del hombre que todos conocían como Igor Yaroslav González.

Fue entonces cuando apareció la primera gran sorpresa.

Los registros enviados a México no coincidían.

La identidad de Igor simplemente no existía.

A medida que avanzaban las verificaciones, la verdad comenzó a salir a la luz.

El hombre buscado no se llamaba Igor.

Su verdadero nombre era Carlos Humberto Méndez González y llevaba más de 11 años ocultándose de la justicia.

La investigación internacional permitió descubrir que era un prófugo buscado en México desde 2009.

Aquel año había sido acusado del asesinato de una adolescente llamada Itzel Monroy Barraza, de 17 años.

Según los antecedentes reunidos por las autoridades mexicanas, ambos habían mantenido una relación sentimental y tras la ruptura, Carlos la citó en su departamento con el pretexto de intercambiar pertenencias personales.

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Una vez a solas, la atacó mortalmente.

Después huyó del país.

Durante más de una década logró permanecer oculto utilizando una identidad falsa.

La revelación conmocionó tanto a Chile como a México.

Mientras la policía intentaba localizarlo, Carlos ya se encontraba huyendo.

En el departamento abandonado dejó un pasaje de Turbus con destino a Arica, adquirido pocas horas después del crimen.

 Sin embargo, nunca pudo utilizarlo.

Las restricciones sanitarias vigentes durante la pandemia de COVID-19 le impidieron abordar el viaje.

Ante ese problema, decidió trasladarse mediante transporte informal hacia Valparaíso, pero durante la fuga cometió un error decisivo.

El 20 de diciembre ingresó a la cuenta de Instagram de María Isabel.

 Los especialistas de cibercrimen detectaron la actividad y rastrearon la dirección IP utilizada.

La conexión llevó a los investigadores hasta una residencia ubicada en la calle Yungai en Valparaíso.

Al darse cuenta de que estaba siendo buscado, cambió de escondite, se cortó el cabello, modificó parte de su apariencia y se trasladó a otra hospedería ubicada cerca de la avenida Argentina, en el Cerro Polanco, pero el cerco policial ya estaba cerrado.

El 6 de enero de 2021, detectives de la brigada de homicidios localizaron la habitación donde permanecía oculto.

Cuando ingresaron para detenerlo, Carlos intentó resistirse.

Los detectives han reaccionaron rápidamente, lo redujeron, lo esposaron y finalmente pusieron fin a una fuga que había durado más de una década.

Meses después comenzó el juicio.

Durante el proceso, Carlos reconoció haber causado la muerte de María Isabel e incluso intentó pedir disculpas a la madre de la víctima.

Sin embargo, las pruebas eran contundentes.

En junio de 2022, el cuarto tribunal oral en lo penal de Santiago lo declaró culpable de femicidio consumado.

 La sentencia fue una de las más severas contempladas por la legislación chilena.

presidio perpetuo calificado.

Además, recibió una condena adicional por el uso de documentación falsa.

La resolución estableció que deberá cumplir un mínimo de 40 años de prisión efectiva antes de poder optar a cualquier beneficio carcelario.

 Y una vez finalizada su condena en Chile, México podrá solicitar formalmente su extradición para que responda por el asesinato de Itzel Monroy.

Así terminó la historia del hombre que durante años logró convencer a todos de que era alguien que nunca existió.

El caso de María Isabel Pvez conmocionó a Chile porque detrás de una simple desaparición se escondía una verdad aterradora.

Durante años ella y su familia creyeron conocer a un hombre llamado Igor Yaroslav González.

Pero esa persona nunca existió.

Detrás de esa identidad se ocultaba Carlos Humberto Méndez González, un prófugo internacional que llevaba más de 11 años escapando de la justicia tras asesinar a otra joven en México.

La captura de Carlos permitió cerrar dos historias separadas por miles de kilómetros y más de una década, la de Itzel Monroy y la de María Isabel Pavez.

Hoy cumple presidio perpetuo calificado en Chile y cuando termine esa condena aún deberá responder ante la justicia mexicana.

Y después de conocer esta historia, quiero preguntarte, ¿crees que María Isabel alguna vez imaginó quién era realmente el hombre con el que compartió 6 años de su vida? Te leo en los comentarios.

Si quieres conocer más historias reales que marcaron a comunidades enteras, suscríbete y comenta.

Somos Relatos Criminales y acompáñanos en nuestra próxima investigación.

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