El pasado viernes 22 de mayo de 2026, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) fue escenario de una detención que marcaría un antes y un después en la lucha contra el crimen organizado en el centro del país.
David Mendoza Díaz, conocido en el bajo mundo como “El Deivid” o “El Chino”, fue interceptado por agentes de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) con el respaldo de la Secretaría de Marina (Semar).
Para las autoridades mexiquenses, este no fue un arresto rutinario: se trataba de capturar a un objetivo prioritario, señalado como el principal generador de violencia y el heredero del imperio criminal dejado por su hermano, Alejandro Gilmare “N”, alias “El Choko”, detenido meses atrás.
La caída del sucesor
La historia de “La Chokiza” es, en esencia, la crónica de una organización que intentó camuflarse bajo una fachada de labor social para ocultar sus verdaderas operaciones.
Tras la captura de “El Choko” en septiembre de 2025 —un operativo que incluyó el aseguramiento de 72 inmuebles relacionados con despojos—, el control del grupo parecía haber quedado en un vacío que David Mendoza Díaz no tardó en llenar.
Las investigaciones señalan que “El Deivid” asumió el mando con una estrategia de violencia implacable.
Bajo su liderazgo, la agrupación fortaleció sus tentáculos en los delitos de alto impacto que mantienen en jaque a los habitantes del Valle de México.
Según la Fiscalía, el detenido es investigado por una extensa lista de cargos que incluyen extorsión, homicidio, robo con violencia y el despojo de propiedades, actividades que el grupo ha perfeccionado durante años.

¿Qué es ‘La Chokiza’ y cómo operaba?
Aunque durante años la organización intentó presentarse ante la sociedad como un grupo de apoyo a comerciantes y ciudadanos mediante redes sociales y asesorías, la realidad que documentaron las autoridades es radicalmente distinta.
Su presencia se hizo notar con fuerza en Ecatepec, el municipio donde el miedo se convirtió en la moneda de cambio para quienes intentaban ganarse la vida honradamente.
El modus operandi de La Chokiza es descrito por las víctimas como un sistema de asfixia constante.
Entre sus actividades documentadas se encuentran:
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Cobro de piso: Extorsiones sistemáticas a pequeños y medianos comerciantes bajo amenazas de muerte o ataques a sus locales.
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Préstamos “gota a gota”: Un esquema usurero que, al fallar el pago, derivaba en balaceras contra las fachadas de las casas de los deudores o agresiones directas.
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Despojo de inmuebles: La apropiación ilegal de terrenos y casas utilizando la fuerza y el respaldo de una estructura criminal armada.
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Montachoques: La provocación de accidentes vehiculares para extorsionar a los conductores involucrados.
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Narcomenudeo y homicidios: La violencia necesaria para mantener el control territorial frente a grupos rivales.
Un golpe de autoridad en el AICM
El operativo en el AICM fue ejecutado con precisión quirúrgica.
Las autoridades sabían que el sujeto intentaba abordar un vuelo, por lo que el despliegue de efectivos de la Marina y de la Fiscalía fue suficiente para que “El Deivid” no tuviera oportunidad de resistirse.
La rapidez de la maniobra evitó cualquier altercado que pusiera en riesgo a los pasajeros, enviando un mensaje claro: ni las rutas de escape internacionales son seguras para quienes tienen cuentas pendientes con la ley.
Para la Fiscalía mexiquense, esta detención representa un avance significativo en la estrategia de “Mando Único” y de combate a las bandas criminales que han erosionado la paz en el oriente y nororiente del Valle de México.
La caída de David Mendoza Díaz no es solo el arresto de un individuo, sino un golpe a la cadena de mando que mantenía aterrorizada a la población.
El futuro de la organización
Tras la desintegración paulatina de su cúpula, surge una pregunta inevitable: ¿qué sucederá con los remanentes de La Chokiza? En los meses previos, diversas detenciones de sus integrantes han debilitado la capacidad operativa del grupo.
Sin embargo, el fenómeno criminal en México nos ha enseñado que la fragmentación de estos grupos suele derivar en la creación de células más pequeñas y, a menudo, más volátiles.
Las autoridades han reiterado su compromiso de continuar con las investigaciones y los operativos hasta desarticular por completo los restos de esta organización.
Por ahora, el mensaje para la ciudadanía es de esperanza: la detención de “El Deivid” es un paso más hacia la recuperación de la tranquilidad en los barrios que durante tanto tiempo vivieron bajo la sombra de la extorsión.
La lucha contra La Chokiza ha sido larga y costosa para los ciudadanos.
Con la detención de sus dos principales líderes en menos de un año, la estructura delictiva se encuentra más vulnerable que nunca.
Mientras David Mendoza Díaz enfrenta ahora a la justicia, los vecinos de Ecatepec y zonas aledañas observan con atención, esperando que este arresto no sea solo un evento mediático, sino el inicio de una verdadera purga de la violencia que los ha asfixiado.
La ley ha dado un paso firme, y el camino hacia la justicia para cientos de víctimas parece, al fin, estar más despejado.
