42 millones de euros.
El fichaje más costoso en la historia del Napoli.
El futbolista mexicano con el traspaso más elevado en toda la historia de fútbol mundial.
Y ese mismo hombre expulsado de su propio equipo, ridiculizado por su propio hermano en televisión, con su familia sin tener siquiera su número de teléfono.
3 años sin hablar con su madre, 3 años sin hablar con su padre, cuatro hermanos que se enteran de él por las noticias.
Hoy vas a descubrir lo que ocurrió fuera de la cancha, lo que explica el conflicto con el entrenador, el veto en la selección y el silencio que rodea su vida personal.
¿Qué tiene que sucederle a un hombre para que su propia familia prefiera no saber nada de él? Eso es lo que vamos a revelar hoy.
Pero antes necesito ponerte en contexto.
El 17 de junio de 2018, Hirving Lozano tenía 22 años y su valor en el mercado era de 15,000000es de euros.
Ese día marcó el gol más recordado del fútbol mexicano moderno.
México venció 1 a0 Alemania en un mundial, al campeón del mundo de 4 años antes, al equipo que nadie esperaba que México pudiera rozar siquiera.
Los sismógrafos de la Ciudad de México registraron una vibración provocada por miles de personas saltando al mismo tiempo.
Un sismo generado por la euforia de todo un país.
Un año después de ese gol a Alemania, [música] el Napoli de Italia desembolsó 42 millones de euros por Hervin Lozano, el ficheje más caro en la historia del club.

Pagaron más por el Chaki de lo que pagaron en su momento por el Diego.
Lo contrataron por 5,130,000 € al año, 97 millones de pesos por temporada.
El mexicano más caro de la historia fue pedido personalmente por el propio Carlo Ancelotti, el técnico más laureado de la última década del fútbol europeo.
Ese hombre con todo el mercado a su disposición dijo, “Quiero al Chay” en Italia conquistó el escudeto en mayo de 2023, el primer campeonato del Napoli en 33 años desde la era de Maradona.
[música] Después regresó al PS Vive en Países Bajos.
Levantó otro título de la eredivicie en 2024.
anotó un hattrick contra el Ajax en noviembre de 2023.
El primero de un jugador del PSV frente a ese rival en casi 20 años.
Cinco títulos en total, tres países distintos.
17 goles con la selección mexicana, dos mundiales.
En el verano de 2024, San Diego FC pagó 12 millones por su pase y le firmó un contrato de 4 años por más de 30 millones dó 6 m000ones garantizados por temporada.
El primer designated player en la historia del club.
La presentación fue todo un espectáculo.
El Snapdragon Stadium repleto, aficionados de toda la comunidad mexicana en el sur de California.
Hinchas de Tijuana cruzando la frontera solo para verlo llegar.
Exactamente lo que el club imaginó cuando firmó el cheque.
12 meses después, San Diego FC lo excluyó del plantel, lo declaró transferible y comunicó públicamente que ya no formaba parte de sus planes.
Un jugador al que le pagan 6 millones de dólares al año para no pisar el campo ni un solo minuto.
Sin selección desde hace casi 2 años con el Mundial A 2026 en su propio país a la vuelta de la esquina.
Pero lo más duro no fue eso.
Lo más duro ocurrió en abril de 2025 cuando su propio hermano Brian se sentó frente a las cámaras de detrás de la fama y dijo en vivo, sin titubear con la cara bien puesta lo que nadie en la familia había dicho públicamente jamás, que llevan 3 años sin comunicarse, que sus padres no tienen su número de teléfono, que lo de él es de él y a ellos ya no les afecta.
Eso es lo que vamos a analizar hoy.
[música] Y para entenderlo bien, hay que arrancar desde el principio.
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Cada semana contamos lo que ocurre detrás de las grandes figuras del deporte.
Hay algo que casi nadie menciona sobre la historia del Choy Lozano, que el problema que lo tiene hoy sin equipo, sin selección y con su propia familia sin manera de contactarlo.
No, comenzó en el vestuario de San Diego en octubre de 2025.
No empezó cuando criticó al técnico Jaime Lozano frente a los micrófonos.
Empezó mucho antes, en algún momento entre 2019 y 2022, cuando Hirving Lozano, ya instalado en Europa, ya con el dinero, ya con los títulos, ya con la fama, tomó una decisión que nadie en su familia vio venir.
Desapareció.
no los alejó con una pelea pública.
No hubo un escándalo familiar que se filtrara la prensa, simplemente dejó de responder.
Fue poniendo distancia poco a poco hasta que esa distancia se convirtió en un muro.
Y el muro se convirtió en silencio.
Y el silencio se prolongó 3 años.
Hoy los padres de Irvin Lozano, Jesús y Ana María, no tienen su número de teléfono, ni el de él ni el de su esposa.
No tienen ninguna forma de contactarlo directamente.
Jesús Lozano, el padre que lo acompañó a las pruebas del Pachuca cuando tenía 11 años.
Ana María Baena, la madre que lo vio crecer jugando en las canchas del Pedregal sin su número de teléfono.
Piénsalo un instante.
El futbolista mexicano más caro en la historia del fútbol, ganando millones de euros en Italia, siendo titular en el Npoli, el Club de Maradona, y sus padres sin poder marcarle si se enferman, sin poder hablarles si ocurre algo, sin poder decirle simplemente, “Oye, ¿cómo estás?”
Y aquí está lo que casi nadie ha conectado en esta historia.
El alejamiento familiar y el derrumbe deportivo no son dos relatos separados, son la misma historia contada en dos escenarios distintos.
Lo que pasó fuera del campo explica lo que pasó dentro y lo que pasó dentro explica lo que pasó fuera.
En unos minutos te cuento la noche que casi lo mató.
Una noche de julio de 2021 que casi nadie recuerda y que tiene mucho que ver con todo lo que vino después.
Espérate.
10 de julio de 2021.
Dallas, Texas, Copa Oro de la CONCACAF, México contra Trinidad y Tobago.
El primer partido del tricolor en ese torneo.
Un encuentro que nadie señalaba en rojo en el calendario.
Trinidad y Tobago no era rival para México.
Era el duelo sencillo del grupo, el que se gana 3 a0 con comodidad.
Se rotan los titulares y todos siguen frescos.
Hirving Lozano arrancó como titular.
Número 22 en la espalda.
Acababa de cerrar la temporada con el Napoli, la mejor de su ciclo en Italia hasta ese momento.
Llegaba con confianza, con ritmo, con todo.
Minuto 11.
Rogelio Funesmori filtra un pase al área.
Lozano [música] entra solo sin marca, encarando al portero Marvin Philip.
Un instante esos en que el gol parece hecho, en que el estadio ya se prepara para festejar antes de que el balón entre y en ese momento el defensa Alvin Jones lo carga por la espalda.
Lozano pierde el equilibrio, cae hacia delante con toda la velocidad que traía y su cabeza impacta directo contra la rodilla del portero, no contra el pasto, contra la rodilla de un hombre que pesa 90 kg a la velocidad de un sprint de Irving Lozano.
El sonido se escuchó en las tribunas.
El estadio quedó en silencio.
Lozano quedó tendido en el pasto, boca arriba, sin moverse, sin reaccionar, los brazos abiertos, las piernas inmóviles.
Sus compañeros se acercaron en el primer segundo.
Vieron que no respondía y le exigieron al árbitro que detuviera el partido, que entrara el cuerpo médico, que hiciera algo.
El árbitro tardó en hacerlo.
Una decisión que generó indignación inmediata en todo México.
Guillermo Ochoa lo señaló públicamente desde sus redes sociales apuntando directamente al presidente de la CONCACAF.
El arbitraje había sido inaceptable.
Cuando el cuerpo médico llegó a Lozano, lo encontraron apenas consciente, desorientado, sin poder ubicarse del todo, sin saber con exactitud qué había ocurrido.
Lo estabilizaron en el campo con cuidado, le colocaron el collarín, lo subieron a la camilla y mientras lo retiraban del estadio, [música] las cámaras captaron su rostro.
La herida abierta en la ceja, la sangre, el collarín blanco contrastando con la playera verde del tri, la imagen que nadie quería ver.
Lo trasladaron al hospital más cercano en Dallas, su tura de emergencia en la ceja, collarín por riesgo en la columna cervical, estudios de imagen durante horas, neurólogos especialistas en columna, el cuerpo médico completo de la selección.
Los resultados no fueron tranquilizadores.
El golpe había impactado en una zona crítica de la cabeza y el cuello, a milímetros de provocar un daño permanente.
Lo que dijeron los médicos en ese hospital de Dallas, Lozano tardó meses en repetirlo en público porque hay cosas que se procesan lentamente.
Estuvo seis semanas sin jugar con Collarín, sin poder entrenar, sin poder correr, sin la rutina que lo definía desde los 11 años, sin el fútbol, que era lo único que había conocido desde niño en el Pedregal.
[música] Seis semanas de silencio absoluto, meses después ya recuperado.
Lozano habló y fue honesto sobre lo que le habían dicho.
Fue una lesión muy grave.
Un poco [música] más, un poco menos.
Hacia la izquierda o la derecha.
Pudo quedarme paralítico o perder el ojo.
Muchos [música] médicos me lo dijeron.
Hasta pude perder la vida.
Esas palabras las pronunció un hombre de 25 años con dos hijos pequeños en casa esperando que papá regresara bien con su esposa aguardando noticias en Nápoles y luego añadió algo que suena simple, pero que lo carga todo.
Cuando tienes hijos
es ver por ellos.
Me pudo pasar algo muy serio y dejar a dos niños y a una mujer solos.
Eso te hace pensar muchas cosas.
Eso te hace pensar muchas cosas.
[música] Seis semanas con ese pensamiento, con todo el tiempo que regala la inactividad forzada, sin [música] el campo, sin el balón, sin la rutina del entrenamiento que te mantiene ocupado desde las 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde.
Un hombre que desde los 11 años no ha sabido lo que es una semana sin fútbol, que de pronto tiene seis semanas para sentarse y reflexionar, inevitablemente se hace preguntas.
¿Qué importa de verdad? ¿Qué no importa? ¿Con quién quiero estar si algo me ocurre? ¿De quién quiero alejarme? ¿Qué estoy construyendo aquí en Europa con mi familia pequeña mientras los que me vieron crecer están al otro lado del océano? Nadie sabe exactamente qué respondió Hirvin Lozano a esas preguntas durante esas seis semanas de collarín en Dallas y Nápolis.
Pero lo que ocurrió en los meses siguient habla por sí solo.
El distanciamiento con su familia de origen se profundizó exactamente en ese periodo.
Los mensajes que dejaron de llegar, las llamadas que no se contestaron, el silencio que fue volviéndose permanente semana a semana.
Mes a mes, hasta que 3 años después su hermano declaraba en televisión.
Cero contacto.
3 años.
La lesión provocó el distanciamiento.
No podemos afirmarlo con certeza, pero sí sabemos que algo en esas semanas de silencio terminó de romper vínculos que ya venían resquebrajándose desde que llegó a Europa y el mundo cambió.
Antes de llegar al derrumbe, hay que entender primero la cima.
¿Quién era este hombre cuando lo tenía todo? Lo que construyó desde que tenía 11 años y no tenía nada.
Porque solo viendo eso se comprende la magnitud de todo lo que se perdió.
Hirvin Rodrigo Lozano Baena llegó a las fuerzas básicas del Pachuca a los 11 años desde las canchas del Pedregal en la ciudad de México, donde creció jugando en la calle con los chavos del barrio hasta el complejo de las Tuzas en Pachuca, Hidalgo.
Su padre Jesús Lozano trabajaba en lo que había.
Su madre, Ana María Baena sacaba adelante el hogar.
No había academias privadas ni equipos de pago.
No había padrinos en el medio ni contactos, solo un niño que era el más veloz de su colonia, al que nadie podía alcanzar cuando agarraba el balón y que desde los primeros entrenamientos en el Pachuca hacía que todos los técnicos voltearan a mirarlo.
A los 14 años fue integrado formalmente a las categorías básicas.
El entrenador Coca González lo tomó bajo su tutela.
Cuando estaba chiquillo era un jugador muy veloz.
recordó González años después, pero medio alocado.
A veces se le terminaba hasta la cancha.
Alocado y rápido.
Esa combinación que en el fútbol puede ser genialidad o puede ser el inicio de todos los problemas.
A veces es las dos cosas al mismo tiempo.
El 8 de febrero de 2014 con 18 años, Hirvin Lozano debutó en el primer equipo del Pachuca.
No en cualquier cancha, en el Estadio Azteca, no contra cualquier rival, contra el Club América.
Entró al minuto 84.
Tenía 6 minutos para hacer algo y 5 minutos después anotó su primer gol profesional.
5 minutos, un gol en el Azteca contra el América.
No pudo haber mejor presentación posible.
En 2016 fue campeón del torneo Clausura con el Pachuca.
[carraspeo] En la temporada 2016-17 fue el máximo goleador de la Liga de Campeones de Cacaf con ocho goles en ocho partidos.
Y en el verano de 2017 el PSB en Toven de Países Bajos pagó 8,000ones de euros por él.
El traspaso más caro en la historia del Pachuca.
En su primera temporada en Europa anotó 17 goles.
El PSV fue campeón de Holanda.
En la siguiente 21 goles y 12 asistencias en 40 partidos.
Pero entre esas dos temporadas en Einoven ocurrió lo que lo transformó todo para siempre.
17 de junio de 2018.
Lusniki, Moscú.
Rusia.
Copa del Mundo FIFA.
México contra Alemania.
El campeón del mundo de 2014.
El favorito del torneo, el equipo que nadie esperaba que México pudiera rozar.
Minuto 34.
Miguel Layun saca rápido desde atrás.
Héctor Herrera la controla y la filtra hacia la derecha del área alemana.
Hirving Lozano arranca.
El defensa Jerome Boateng intenta cerrarle el ángulo.
Lozano lo lee en una fracción de segundo.
Corta hacia adentro con la derecha.
Remata al primer palo.
El portero Manuel Nower se lanza, no llega.
El balón entra.
México 1, Alemania 0.
Y en ese instante, en las calles de la Ciudad de México, en los restaurantes, en los trabajos, en los autos con la radio encendida, algo se detuvo.
Los sismógrafos registraron la vibración, un sismo de alegría generado por el gol de un muchacho de 22 años del [música] Pedregal.
Hirvin Lozano levantó los brazos en Moscú con el rostro que quedaría grabado para siempre.
22 [música] años, el gol de su generación.
Ese verano el Napoli pagó 42 millones de euros.
El técnico que lo solicitó personalmente fue Carlos Ancelotti, uno de los entrenadores más ganadores del fútbol europeo moderno, el hombre que había conquistado la Champions League con el Milan, el Real Madrid y el Chelsea, el que después ganaría otra Champions con el Real Madrid de Benzema.
Con el mundo entero a su disposición dijo, “Quiero al Choi.
” En Nápoles, la primera temporada arrojó apenas cinco goles en 34 partidos.
La adaptación al calcio italiano no fue ni sencilla ni rápida.
En la Serie A, los defensas te estudian antes de que salgas al campo.
Saben a qué pierna vas con el balón controlado.
Saben cuándo arrancas en diagonal, saben cómo cortarte el ángulo antes de que tú lo veas.
Lozano, que en Holanda desbordaba en diagonal con relativa facilidad, encontró en Italia una línea defensiva construida para frenarlo y encima llegó la pandemia.
El fútbol se detuvo en marzo de 2020, 3 meses sin competición y cuando reanudaron los partidos, sin público en los estadios, sin el calor del San Paolo detrás, el ritmo nunca fue el mismo.
La prensa italiana fue implacable con él ese primer año.
Titulares que cuestionaban si el Napoli no se había equivocado al gastar tanto.
Comparaciones con lo que ese dinero habría rendido con otro jugador.
la presión de justificar 42 millones desde el primer día, pero Lozano resistió y en la temporada 202021 dio un giro completo.
11 goles, seis asistencias, titular a indiscutible.
Los defensas de la Serie A ya le conocían los movimientos, pero no podían detenerlo.
El 24 de enero de 2022 anotó un gol a los 8,9 segundos de entrar al campo.
El más veloz en la historia del Napoli, el tercero más rápido en toda la historia de la Serie A italiana.
8,9 segundos.
El tiempo que tardas en levantarte del sofá y dar dos pasos.
Ese gol no fue solo un récord, fue la demostración de que el Chucky podía hacer cosas que nadie más podía hacer en cualquier momento, desde cualquier posición en el banquillo.
Y en mayo de 2023 levantó el escudeto, el primer campeonato del Napoli en 33 años desde los tiempos de Maradona.
[música] El estadio Diego Armando Maradona explotó esa noche.
Una ciudad que llevaba tres décadas esperando, que había visto a los equipos del norte ganar temporada tras temporada, que había cargado con la frustración de ser el equipo del sur sin títulos.
Yvin Lozano, el niño del Pedregal de la Ciudad de México, alzó ese trofeo en Nápoles.
Regresó al PSB en 202.
Ganó otro título de la heredivicie en Holanda en mayo de 2024.
Anotó un hatck contra el Ajax en noviembre de 2023.
El primero de un jugador del PSB frente a ese rival desde Mark Van Bomel en 2005.
Tres goles al Ajax, el clásico más importante del fútbol holandés.
Cinco títulos, tres países.
17 goles con la selección mexicana.
Dos mundiales, el goleador más determinante en la historia reciente del tricolor.
Eso fue la cima de su carrera.
un niño del Pedregal, sin padrinos ni academias de pago, que llegó al Azteca a los 18 y marcó en su debut, que fue el más caro de México y lo justificó con títulos, que le metió el gol a Alemania en un mundial.
Pero mientras todo eso ocurría afuera, mientras los trofeos llegaban y los contratos se firmaban adentro, [música] en la familia que lo había visto crecer, el teléfono llevaba meses sin sonar.
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Son historias como estas las que contamos cada semana y no querrás perderte ninguna.
Para entender lo que pasó con la familia, hay que comprender primero lo que pasó con la selección, porque son la misma historia narrada en dos escenarios distintos.
25 de marzo de 2024, Arlington, Texas.
Final de la Nations League de la Concacaf.
México contra Estados Unidos en casa del rival en el ETNT Stadium.
Una derrota que dolía, que ponía a todos en modo defensivo, que exigía explicaciones.
Y Hervin Lozano, con todos los micrófonos encendidos frente a las cámaras de los medios deportivos de México, dio las respuestas que nadie esperaba.
Señaló que el planteamiento del técnico Jaime Lozano no había sido el adecuado, que esa táctica les había costado la derrota.
Siete palabras concretas en el fútbol.
Criticar públicamente al entrenador después de una derrota es una de las cosas que los vestuarios y las federaciones no perdonan con facilidad, no porque exista una norma escrita que lo prohíba, sino porque es el código que todos conocen desde que tienen 15 años.
El que tiene un problema con el técnico se lo comunica a puertas adentro, en el vestuario, en la oficina, en una conversación privada donde no hay cámaras, no frente a los micrófonos, no en conferencia de prensa, no con el nombre del entrenador mencionado directamente, porque esa declaración no solo afecta al técnico, afecta al grupo entero.
Pone a los compañeros en una posición imposible.
¿Con quién estás? ¿Con el jugador más famoso del equipo o con el entrenador? debido lo que tiene que estar unido y en la selección nacional a meses del mundial más trascendente para México en cuatro décadas, esa fractura podía romper algo muy difícil de recomponer.
[música] Días después, Lozano aclaró que sus palabras habían sido malinterpretadas, que no quiso señalar a nadie en específico, que lo que intentaba decir era diferente a cómo sonó.
Pero en el fútbol, como en la vida, las aclaraciones rara vez borran lo que las palabras ya provocaron.
El daño estaba hecho meses después para la Copa América 2024, el torneo más relevante del año para el tricolor disputado en Estados Unidos a horas de casa con hinchas mexicanos llenando los estadios de Los Ángeles, San Francisco y Chicago.
Hirving Lozano no fue convocado, no estaba lesionado, no tenía ninguna sanción pendiente, simplemente no aparecía en la lista.
[música] La Copa América 2024 se jugó sin el futbolista mexicano más caro de la historia.
Me dolió mucho no poder ir”, declaró en detrás de la fama semanas después.
Me encanta defender a la selección.
No sé de dónde surgió esa decisión, pero me dejaron fuera.
Respeto la decisión, pero me afectó.
Me hubiera encantado estar.
Me dolió.
Me hubiera encantado.
Las palabras de alguien que sabe que cometió un error, pero que todavía no puede reconocerlo del todo en voz alta.
Mientras tanto, sin Lozano, otros extremos fueron consolidando su lugar en el esquema.
César Huerta apareció como una opción sólida.
Roberto Alvarado se asentó en el sistema de juego.
Alexis Vega mantuvo su presencia.
El espacio que los había dejado vacío con sus declaraciones fue ocupado por otros y los espacios que se llenan en la selección son muy difíciles de recuperar.
El técnico Javier Aguirre tomó el mando en el segundo semestre de 2024.
Pizarra en blanco para todos, dijo.
Nadie tiene lugar garantizado.
Para Lozano, eso era en teoría una oportunidad, pero el problema práctico fue enorme.
Llegó a San Diego con una molestia en el tendón de la corva que lo obligó a perderse partidos importantes de la ADOM, temporada inicial.
Cuando jugaba, el rendimiento era irregular, sin la consistencia que exige una convocatoria cuando se está armando el equipo para un mundial.
En septiembre de 2024, Lozano pidió no ser convocado para un partido de preparación.
Aguirre declaró en ese momento que llamaría a quien tuviera siación y disposición de responder.
Una frase que todos comprendieron sin necesidad de explicación.
Aguirre lo convocó en septiembre de 2025 por ausencias de otros jugadores.
Una oportunidad de último momento, por circunstancias, no por mérito.
Los minutos que tuvo no convencieron al cuerpo técnico y en enero de 2026, Aguirre fue directo.
Prefiero que los jugadores estén en buen estado futbolístico.
Esta es su decisión.
Tendrá que pensar en todo lo que esto implica.
Veremos qué pasa.
Tres frases de un técnico que lleva al equipo al mundial más importante para México en 40 años.
sobre el jugador que más goles aportó al tri en la última generación.
Esas palabras de un entrenador sobre su propio jugador, a cuatro meses del inicio del mundial que México organiza en su propia tierra son lo más cercano a una puerta cerrada, sin necesidad de anunciar que está cerrada.
25 de marzo de 2024, Jirvin Lozano no disputó un solo partido oficial con la selección mexicana, [música] casi dos años sin una sola convocatoria válida a meses del mundial 2026 en su propio país.
El mundial que México coorganiza junto a Estados Unidos y Canadá, el mundial que se va a jugar en el estadio Azteca, el mismo donde debutó, el mismo donde anotó su primer gol profesional con el Pachuca a los 18 años.
Si hay algún torneo donde lo debería estar, es ese.
Y si hay algún hombre que debería estar en ese torneo, es el que le metió el gol a Alemania en 2018.
Pero el fútbol no funciona así.
No es un homenaje a lo que fuiste, es un compromiso con lo que eres hoy.
Y el Chui hoy en marzo de 2026 no está en ningún equipo, no está en la selección, no está en el radar de ningún club que pueda cubrir su salario.
Y mientras eso sucedía con la selección, algo mucho más personal ya había estallado, algo que no vino de un periodista ni de un directivo, vino desde adentro de alguien que lleva el mismo apellido y que decidió decirlo ante las cámaras.
Abril de 2025.
Brian Mauricio Lozano se extentoria a las cámaras de detrás de la fama.
Brian Lozano, hermano menor de Hirvin, también futbolista profesional.
Surgió en Pumas de la UNAM.
Ha competido en ligas de Costa Rica y en el fútbol menor de México.
Lleva el mismo apellido que el hombre que le metió el gol a Alemania, pero Brian Lozano no es reconocido.
No tiene contratos millonarios.
No tiene fans que le pidan fotos, no tiene su nombre en los encabezados de los diarios deportivos.
[música] Eso también lo dijo esa noche y lo dice todo sobre la relación entre los dos hermanos.
Brian se sentó frente a las cámaras y dijo lo que ninguno en la familia había expresado jamás en público.
Ninguna relación con él, ni mis padres, a veces, ni mis otros hermanos, nada.
Yo tengo unos 3 años con cero contacto.
3 años sin una sola llamada, sin un mensaje, sin un cumpleaños, sin nada.
La última vez que hablé con él fue unos meses antes del Mundial de Qatar en 2022.
Intercambiamos mensajes, lo que uno sentía, lo que el otro sentía y ahí lo dejamos.
Ya no hubo más relación.
Intercambiaron mensajes en octubre de 2022.
Qatar arrancó en noviembre y desde entonces, silencio.
Hirvin Lozano llegó a su segundo mundial sin poder hablar libremente con ninguno de sus hermanos, sin poder llamarle a su padre si necesitaba escuchar una voz conocida sin poder decirle a su madre, “Aquí estoy.
Los padres de Jirvin Lozano, Jesús y Ana María, no tienen su número de teléfono.
el futbolista mexicano más caro de la historia y sus progenitores, sin poder contactarlo directamente, sin poder hablarles si se enferman, sin poder preguntarle, “Hijo, ¿cómo estás?” Esas palabras resonaron en todos los programas deportivos del país, se viralizaron en redes sociales, llegaron a medios internacionales y México entero se hizo la misma pregunta.
¿Qué pasó ahí adentro? Días después, en una segunda entrevista con Detrás de la fama, Brian subió el tono todavía más, sin rodeos, sin diplomacia, sin buscarle vuelta.
Es grosero y prepotente, y eso no lleva a ningún lado.
Eso ha influido para que muchos no lo quieran.
Su propio hermano, diciéndolo en cámara con nombre y apellido, con la cara bien puesta, en un programa que vio toda la afición mexicana.
No un excompañero resentido, no un directivo que quería sacarlo del club.
su hermano menor, el que jugó en las mismas canchas de tierra del Pedregal, el que creció junto a él.
Y en esa misma entrevista, Brian señaló algo más sobre el vestuario de San Diego.
Dijo que se enteró por las redes de lo ocurrido con el técnico Varas y que no le sorprendió.
Ya es una actitud muy repetitiva de su parte.
En la selección también se habla mucho de sus indisciplinas.
Nadie va a arriesgarse a contratarlo porque al final corren el riesgo de que suceda algo.
Similar a lo que ha pasado antes, nadie va arriesgarse a contratarlo.
Esa frase pronunciada por su propio hermano de sangre resume la situación de Hirvin Lozano en el mercado del fútbol mejor que cualquier análisis de expertos.
Porque cuando tu propio hermano dice que nadie querrá contratarte, no es la opinión de alguien que te desea el mal.
Es alguien que te conoce por dentro y que ve lo que los directivos de los clubes [música] están percibiendo.
Brian también habló de su propia trayectoria, de lo que significó crecer siendo el hermano del Chui siempre hay comparación.
Por lo que él logró en su momento, desmerecen el trabajo de uno.
Lidias con comentarios, con comparaciones, con desprecios.
El Chucky nunca me ayudó.
El Chui nunca me ayudó.
Cuatro palabras que merecen un momento de atención.
Brian eligió el mismo camino que su hermano.
El fútbol, las canchas, el esfuerzo diario de quien trabaja para ser profesional.
Surgió en Pumas, siguió buscando equipo, siguió intentando en ligas donde los contratos no tienen ceros de más y en ese recorrido el apellido que debería ser un puente se convirtió en un lastre.
Las comparaciones que nunca podría ganar, [música] los comentarios que llegan antes de que patees el primer balón, los desprecios de quienes esperan al hermano del Choki y encuentran a alguien.
Diferente.
¿Pudo ayudarlo? Claro que pudo.
Un jugador con sus conexiones, con su influencia, con su presencia en el fútbol mexicano y europeo, pudo haber abierto alguna puerta para su hermano menor, que también eligió este camino.
No lo hizo.
Y Brian carga eso con la madurez de quien ya aceptó que su hermano mayor tomó sus decisiones y que esas decisiones no lo contemplaban.
Pero lo que Brian dijo esa noche va más allá de una queja personal.
Es el testimonio de alguien que observó desde adentro como la fama y el dinero transforman a una persona.
Como el muchacho del pedregal que jugaba en las mismas canchas de tierra se convirtió en alguien que no contesta él.
Teléfono que no tiende la mano a su hermano, que ya no conoce a sus propios padres en el día a día.
[música] Eso no es un juicio sobre quién tiene razón.
Es simplemente lo que ocurre cuando nadie te prepara para sobrevivir la fama que construiste.
Y cuando al final de la entrevista Brian dijo, “Lo de él es de él, a nosotros no nos importa.” Lo dijo con la distancia de alguien que ya hizo las cuentas.
Un hombre que lo ganó todo afuera y que al mismo tiempo lo perdió todo adentro.
¿Cómo se llega ahí? ¿Qué camino conduce del pedregal con 11 años al hombre cuyos propios padres ya no pueden llamar? Eso es lo que viene ahora.
Ana Obregón.
No la actriz mexicana.
Ana Obregón es el nombre de la esposa de Irvin Lozano, la madre de sus dos hijos, Rodrigo, nacido en 2014 y una hija, la mujer con quien comparte su vida desde que tenía 18 años.
Cuando se fue al PSE de Holanda con 22 años, Ana Obregón lo acompañó.
Y en Europa, lejos de México, lejos del barrio, lejos de la familia, ese núcleo de dos se fue convirtiendo en el mundo entero.
[música] No tienes a la mamá a una hora en camión.
No tienes a los amigos del barrio para ir a comer tacos el domingo.
No tienes a los hermanos para echarte el partido.
Tienes tu casa en Eintoven, tu esposa, tus hijos y los entrenamientos de lunes a sábado.
Eso es lo que muchos futbolistas mexicanos describen cuando hablan de emigrar joven, que la pareja se vuelve todo, que el resto queda del otro lado del océano, que las llamadas a México se van espaciando porque hay diferencia de horario, [música] porque estás agotado después del entrenamiento, porque el día a día en Europa te absorbe de una manera que no anticipabas.
Y en ese proceso natural de alejamiento ocurrió algo más concreto en la historia de Lozano.
Lo que reportaron varios medios con fuentes cercanas a su entorno fue que Ana Obregón empezó a gestionar algo más que el hogar.
Los contratos con marcas deportivas, las negociaciones con sponsors mexicanos e internacionales, la agenda de apariciones públicas, las decisiones de imagen personal y comercial.
Cuando un futbolista empieza a percibir 97 millones de pesos al año, tiene que tomar decisiones de dinero.
¿Dónde se invierte? ¿Con quién se negocia? ¿Qué marcas conviene aceptar? ¿Cuáles no? Y en ese proceso de tomar esas decisiones, el padre de Irvin, Jesús Lozano, que lo había acompañado en sus inversiones y elecaciones económicas desde el principio, fue quedando fuera primero de los negocios, luego del círculo de confianza, después del contacto cotidiano, después de todo.
No hubo una ruptura pública que todo el mundo presenciara, no hubo un quiebre dramático con gritos y ultimátums que se filtrara a la prensa.
El espacio del padre fue ocupándose por otro y la familia fue desapareciendo del mapa poco a poco, tan gradualmente que cuando se percató ya no había un camino sencillo de regreso o si se percató ya no le importó.
Eso es lo que Brian confirmó sin usar esas palabras exactas, que el distanciamiento fue progresivo, que fue una decisión de Hirving, que él la tomó y ya.
Nadie lo obligó, nadie le dijo, “Rompe con tu familia.” Simplemente las prioridades fueron cambiando y la familia fue quedando del lado equivocado de esas prioridades.
Hay algo que Brian añadió y que merece un momento de atención.
Lamentablemente, mis padres años atrás también dejaron de tener contacto, pero seguimos adelante abriendo nuestro propio camino.
No es que el distanciamiento con Brian fue en 2022.
El alejamiento con los padres ya venía de antes.
Brian fue el último en perder el hilo.
Lo que eso significa es que el proceso de distanciamiento no fue una reacción a un hecho concreto.
Fue un proceso sistemático que inició cuando llegó la fama y se fue completando con el tiempo.
Y lo que ocurrió después de Qatar Dondo 2022 fue solo la confirmación de que ya no había retorno.
En Qatar 2022, Hirvin Lozano disputó su segundo mundial con el lazo con su familia de origen completamente roto, sin la red que te sostiene cuando las cosas se complican, sin alguien de sangre que te diga tranquilo, estás bien, tú puedes jugó tres partidos, no
anotó ningún gol, no dio ninguna asistencia.
México quedó eliminado en la primera ronda por primera vez desde 1986.
La diferencia entre Rusia 2018 y Qatar 2022 no fue solo física.
En Rusia era el más joven del equipo, no tenía nada que perder.
Nadie esperaba que él fuera el héroe y esa libertad, esa ligereza de quien no carga con expectativas, fue exactamente lo que le permitió hacer lo que hizo.
Qatar era ya uno de los referentes del grupo, el hombre al que todos miraban para que repitiera la magia con la presión de ser el Chucki de 2018 en cada partido y sin nadie de su familia que lo conociera antes de ese gol para decirle, “Tranquilo, eres más que eso.” Después de Qatar, el declive se fue acelerando.
la temporada final en el Napoli, cuatro goles y cuatro asistencias en 41 partidos.
Fue campeón del escudeto de todas formas, pero como figura secundaria.
El Napoli lo dejó partir.
Al terminar el contrato.
El PSB lo volvió a fichar por 15 millones de euros, pero con un salario que bajó de 5,85 m000ones a 3,5 millones de euros por temporada.
Más de 45 millones de pesos menos al año.
El mercado hablaba sin palabras.
La rebaja salarial decía algo muy preciso.
El choki de 2020 y el choki de 2023 no eran el mismo.
En el verano de 2024 llegó San Diego con la promesa de ser la figura de un proyecto nuevo de con 12 millones de dólares de traspaso y 6 millones garantizados al año y con todos los problemas acumulados en la maleta.
Los que venían de afuera, los que venían de adentro, todos juntos cruzando la frontera hacia California.
San Diego FC era el club más joven de la MLS.
Primer año en la liga, propietario nuevo, estadio nuevo, ciudad nueva al fútbol.
Con la urgencia de una figura que generara identidad desde el primer partido, San Diego está a 45 minutos de Tijuana, [música] una de las comunidades mexicanas más grandes de Estados Unidos.
Y el Choy Lozano, el hombre que le metió el gol a Alemania, era exactamente el imán que ese mercado necesitaba.
$,000 al PSB.
Contrato de 4 años más de $30,000000 garantizados $,000 por temporada.
La presentación en el Snapdragon Stadium fue todo un espectáculo.
El estadio colmado, aficionados mexicanos de toda la región, hinchas de Tijuana cruzando la frontera solo para verlo llegar.
Banderas, cantic, pirotecnia, exactamente lo que el club soñó.
La temporada 2025 arrancó con expectativas enormes, pero desde el primer mes hubo señales que el club quiso ignorar.
Lozano llegó con una molestia en el tendón de la corva que lo obligó a perderse.
Partidos importantes.
Cuando regresó, el rendimiento fue irregular.
Partidos buenos, partidos normales, partidos donde simplemente desaparecía sin la consistencia que justifica 6 millones de dólares al año.
Y en el vestuario, según reportaron varios medios con fuentes del club, comenzaron los roses con el cuerpo técnico.
El entrenador Mickey Varas tomaba decisiones que Lozano no compartía, sustituciones antes de que él quisiera salir, rotaciones que lo dejaban en la banca, planteamientos que limitaban su protagonismo.
Las tensiones crecían semana a semana sin que nadie las pusiera sobre la mesa directamente hasta que en octubre de 2025 todo estalló.
Varas decidió sustituir a Lozano durante un partido y en el vestuario, según reportó detrás de la fama con fuentes directas del club, se desató una discusión intensa entre el jugador y el técnico.
A gritos delante de todos los compañeros.
El club reaccionó en hora.
Lozano fue separado del plantel.
Dos partidos sin estar ni en la banca.
Uno de ellos, el primer partido de playoffs en la historia de San Diego C.
El momento más trascendente desde la fundación del club y su jugador franquicia no estaba presente.
Lozano ofreció disculpas.
El club lo reintegró de manera temporal para cerrar la postemporada, pero ese mismo periodo contrató a Brian Bellier, atacante de 18 años que opera en las mismas posiciones que Lozano.
El reemplazo sin necesidad de anunciarlo.
En enero de 2026, el director deportivo Tyler Hips fue directo.
Tuvimos conversaciones con él y su representante.
Le comunicamos que ya no será parte de nuestro plan deportivo.
Creemos que su transferencia es lo mejor para ambas partes.
su transferencia a 12 meses de la presentación más grande en la historia del club y la imagen que lo resumió todo llegó una semana después.
Primer partido de San Diego en la temporada 2026 sin Lozano en la lista.
El equipo ganó 5 a0.
En el minuto 85 de 18 años recibió el balón por la izquierda, cortó hacia adentro, abrió el ángulo, remató al primer palo.
¡Gol! Los comentaristas de detrás de la fama dijeron lo que todos pensaron.
El tanto Desbelier recordó exactamente al gol del Choy Lozano contra Alemania en el mundial de 2018.
Un muchacho de 18 años que en 2018 tenía 10 años y probablemente vio ese gol por televisión haciendo el mismo movimiento en el equipo donde el chui ya no cabía, el fútbol no aguarda, no reserva el lugar de nadie.
Y mientras eso sucedía, Hirvin Lozano estaba en San Diego sin jugar, sin selección, sin equipo que lo quisiera, con su familia en México sin poder llamarle por teléfono.
Lo más grave todavía no te lo he contado, porque hay algo que terminó de completar el cuadro en enero de 2026.
Varios medios mexicanos preguntaron en ese momento, “¿Y la Liga MX, Tigres y Rayados de Monterrey, ¿no le abre nadie la puerta al Choy Lozano para el Mundial 2026?” La respuesta fue silenciosa, pero muy elocuente.
Tigres y rayados sondearon la situación.
Las conversaciones existieron, pero ninguno avanzó en serio.
El motivo no fue únicamente el dinero.
Con los salarios más elevados de la Liga MX, llegando a 5 millones dó al año, habría sido complicado igualar los 6 m000ones que garantiza San Diego, pero no imposible para un proyecto de imagen tan relevante como el Mundial 2026.
El motivo fue otro.
En los despachos de los directivos de la Liga MX, la palabra que se repetía no era precio, era riesgo.
Un jugador que critica al técnico de la selección en conferencia de prensa.
Un jugador que confronta al entrenador de su club en el vestuario.
Un jugador al que su propio hermano sale en televisión a llamar grosero y prepotente.
Un jugador al que el club que le pagó de 30 millones de dólares quiere vender a los 12 meses.
Esa etiqueta es difícil de ignorar.
Y los directivos de la Liga MX con la mirada puesta en el mundial que se jugará en sus estadios no quisieron asumir ese riesgo.
Así que el resultado fue este.
En México nadie lo quiere a ese precio.
En Europa el mercado lo descartó hace tiempo.
En Estados Unidos, el único club que apostó por él lo dejó ir a los 12 meses.
Kirvin Lozano, el futbolista mexicano más caro de la historia, instalado en un limbo bien remunerado con 6 millones de dólares al año de contrato que nadie quiere terminar de pagar y nadie puede rescindir gratis sin jugar, sin selección, sin rumbo y con su madre en México sin saber su número de teléfono.
Ahora sí viene lo que prometimos desde el principio.
El motivo real de todo lo que le ocurrió al Chocki Lozano no fue la indisciplina en el vestuario de San Diego.
Eso fue el síntoma final.
[música] No fue la declaración contra el técnico Jaime Lozano.
Eso fue la consecuencia de algo que llevaba años acumulándose.
No fueron las lesiones.
Las lesiones aceleraron un [música] proceso que ya estaba en marcha.
El verdadero motivo fue este.
Hirving Lozano llegó a Europa con un talento enorme, con la velocidad que nadie podía quitar, con el corazón competitivo que lo llevó al Azteca a los 18 a marcar un gol, pero sin la estructura interna para gestionar lo que ese talento iba a traerle.
Y lo que trajo fue demasiado, demasiado rápido.
42 millones de euros, 97 millones de pesos al año, títulos, portadas, el futbolista más caro de México, el ídolo de toda una nación.
Cuando eso llega de golpe a los 24 años, sin nadie que te ayude a procesarlo, sin las raíces que te recuerdan quién eras antes del dinero, pasan cosas.
La gente que te rodea cambia o tú cambias y la gente de antes ya no encaja.
Y la pregunta de quién te quiere de verdad y quién te quiere por lo que tienes no tiene respuesta sencilla cuando estás solo.
Hirving Lozano alejó a su familia en ese proceso.
El padre que lo acompañaba desde el inicio quedó excluido.
[música] Los hermanos que cargaron el mismo apellido sin la misma fortuna se quedaron solos.
La madre que lo vio crecer en el pedregal dejó de recibir llamadas.
Y sin esas raíces, sin alguien que te recuerde quién eras antes de los 42 m000ones, la presión de sostenerse en la cima se vuelve insoportable porque desde el gol a Alemania en 2018, cada temporada tenía que ser la del Choy de Rusia.
Cada partido tenía que tener ese remate al primer palo.
Cada convocatoria a la selección venía acompañada de la pregunta, ¿cuándo va a volver a ser el que le metió el gol a Alemania? Esa presión no se puede cargar en solitario.
Necesitas personas que te digan, “Eres más que ese gol.
Te queremos antes del gol y después del gol, sea cual sea el resultado del siguiente partido.
” Y Hirving Lozano no las tenía cerca.
Las había alejado una a una, sin peleas, sin escándalos, con el silencio que es peor que una discusión, porque no deja posibilidad de reconciliarse fácilmente.
Y cuando el cuerpo comenzó a fallar, cuando los entrenadores empezaron a quitarle protagonismo, cuando el rendimiento ya no justificaba el salario, la respuesta fue la de alguien que no tiene herramientas para manejar la pérdida de control.
El conflicto, la declaración que no debía hacerse, la discusión en el vestestuario con el técnico de la selección, con el técnico de San Diego, el mismo patrón dos veces, el patrón de alguien que solo sabe responder al mundo con la intensidad que lo hizo grande en el campo, pero que fuera de él únicamente provoca daño.
Brian Lozano lo dijo sin saberlo del todo.
Es grosero y prepotente.
No es la descripción de un villano, es la descripción de un hombre que no aprendió a relacionarse de otra manera que no fuera desde la exigencia que lo hizo extraordinario dentro de una cancha.
En el campo, esa exigencia es lo que da cinco títulos.
Es lo que hace que a los 22 años remates sin dudar con Boaten cerrándote el ángulo.
Es lo que hace que en el minuto 90 todavía estés corriendo al límite como si fuera el minuto 10.
Fuera del campo.
Esa misma intensidad es lo que aleja a la familia cuando las cosas no salen bien, lo que enfrenta al técnico cuando te saca antes de tiempo, lo que termina dejándote solo en un vestuario extranjero, sin nadie de confianza a quien llamar.
Y hay algo más en esta historia que pocos han conectado públicamente.
Hirvin Lozano desde el gol a Alemania en 2018 cargó con algo que muy pocos futbolistas en la historia han tenido que cargar.
La expectativa de repetir un momento que era irrepetible por definición, no un torneo, no una temporada, un momento.
Un remate de 1.
4 segundos, un gol que paralizó un país entero, un instante grabado en la memoria colectiva de una nación.
Esas cosas no se repiten.
Ni Maradona repitió la magia de sus goles a Inglaterra en el 86, ni Ronaldo replicaba el hatck de Brasil contra Alemania en la misma temperatura.
Emocional, los momentos cumbres son únicos, ocurren una vez.
Y la crueldad de haber tenido el tuyo a los 22 años es que el resto de tu carrera se mide contra él en cada partido, en cada convocatoria, en cada entrevista.
La misma pregunta siempre, ¿cuándo vas a hacer otra vez el de Rusia? Esa pregunta no tiene una buena respuesta porque la respuesta real es nunca.
Ese instante pasó, ese Chui de 22 años sin nada que perder no regresa, pero decirlo en voz alta es imposible.
Entonces el futbolista hace lo que puede, intenta ese disparo en cada oportunidad y cuando no lo logra, más frustración, más conflicto cuando el técnico le reduce los minutos, más necesidad de control sobre algo, lo que sea, cuando todo parece salirse del guion que él mismo se había trazado.
Y sin la familia que te recuerde quién eres fuera de ese gol, sin las raíces que te anclen a algo más grande que el fútbol, el derrumbe llega antes.
Hirvin Lozano no es el primero al que le ocurre algo así.
El Chicharito Hernández también lo pagó de otra manera, con otra historia, pero lo pagó.
Javier Hernández fue el delantero mexicano más productivo en la historia del fútbol europeo.
Jugó en el Manchester United de Sir Alex Ferguson, en el Real Madrid de Cristiano y Mourinho, en el Bayern Leverkusen, en el West Ham, en la Juventus de Turín.
En total, 52 goles con la selección mexicana, el máximo anotador en la historia del Tri y terminó en el Galaxy de la MLS, peleando por un lugar en la alineación semana a semana, siendo noticia más por su vida personal que por sus goles, anunciando su retiro en 2023, luego retractándose e intentando volver
sin encontrar un club dispuesto a abrirle la puerta.
El patrón del Chicharito tiene algo en común con el del Chuiy.
Los dos alcanzaron su mejor nivel, siendo relativamente jóvenes.
Los dos cargaron con la expectativa de repetirlo el resto de sus carreras.
Los dos respondieron a la frustración de no poder hacerlo de maneras que les cerraron más puertas de las que abrieron.
[música] Y los dos llegaron a la MLS esperando que los recibieran como leyendas y encontraron que el mercado no perdona la inconsistencia de la misma forma en que la glorifica.
Hay algo en la manera en que el fútbol mexicano forma a sus grandes figuras que los hace extraordinarios para alcanzar la cima, pero vulnerables para mantenerse en ella.
La velocidad, la habilidad técnica, el corazón competitivo, todo eso se desarrolla muy bien en las academias.
Pero la herramienta para gestionar el conflicto cuando estás frustrado, la madurez para pedir ayuda cuando la necesitas, la capacidad de redefinirte cuando el cuerpo ya no responde igual que a los 22, la estructura psicológica para sobrevivir la gloria y no solo para alcanzarla.
Eso no está en los programas de ninguna academia de fútbol en México.
No forma parte del entrenamiento y cuando llega el momento en que lo necesitas no está y se paga muy caro.
Hirving Lozano tiene 30 años, todavía puede jugar, todavía puede encontrar un equipo, todavía puede llegar al mundial 2026 si responde en el campo y el técnico decide apostar por él y todavía puede levantar el teléfono y llamar a su madre.
Esa puerta está cerrada desde adentro.
Las puertas cerradas desde adentro se pueden abrir, todo eso es posible, pero lo que ya ocurrió dice algo que va mucho más allá del fútbol.
El éxito sin raíces no perdura.
El dinero sin las personas que te conocen antes de ese dinero no te protege cuando las cosas se complican.
Y la familia que alejaste en el camino hacia la cima no siempre está esperando cuando la cima termina.
El gol a Alemania siempre va a existir.
Ese remate al primer palo en el Luzniki el 17 de junio de 2018 es de Hirvin Lozano para siempre.
Nadie puede quitárselo.
Nadie puede borrarlo de la historia del fútbol.
El problema no fue el gol, el problema fue que nadie le enseñó cómo vivir, cómo ser alguien fuera del campo, cómo mantener cerca a quienes lo amaban antes de que fuera el Chaki, cómo decirle a su hermano, “Oye, aquí estoy.
” ¿Cómo llamarle a su madre, aunque ya no sea el niño que ella dio crecer? ¿Cómo usar el dinero para construir algo sólido en lugar de alejarse de todo? Y eso en el fondo es la historia real debinzano.
No la del gol la Alemania, no la de los 42 millones de euros, no la de los cinco títulos.
[música] La del silencio que llegó después de todo eso, la del teléfono que sus padres ya no pueden marcar.
La del hermano que aprendió a vivir sin que le conteste.
¿Tú lo recuerdas el día que le metió el gol a Alemania? ¿Dónde estabas cuando ese balón entró al primer palo? ¿Qué sentiste en ese [música] instante? Ese momento fue de todos los mexicanos.
Fue tuyo también.
Nadie puede quitártelo.
El gol existe occurrió.
Es parte de la historia del fútbol mexicano para siempre.
Y ese muchacho de 22 años que levantó los brazos en Moscú ese día de junio de 2018, ese muchacho también era real.
El talento, el corazón, el sacrificio que empezó en el Pedregal con 11 años.
Todo eso fue real y todo eso importa.
La pregunta que te dejo hoy es esta.
¿Crees que el Chuchoki todavía puede remontar? ¿Que hay tiempo para recuperar el nivel y llegar al mundial? ¿O crees que ese gol Alemania ya fue su momento más alto? Cuéntanos en los comentarios.
Queremos saber lo que piensas.
Lo que recuerdas, lo que sientes.
