Valentina Trespalacios: Su Novio la ESTRANGULÓ, la Metió en una MALETA y la Tiró a la Basura…

Un reciclador encontró la maleta.

Era domingo 22 de enero de 2023, barrio Los Cámbulos, localidad de Fontibón, en el occidente de Bogotá, cerca del aeropuerto El Dorado.

El reciclador que hacía su ruta habitual por los contenedores de basura de la zona vio una maleta azul grande.

El tipo de maleta que los viajeros internacionales usan para los vuelos largos.

La abrió.

 Adentro había un cuerpo.

El cuerpo de una mujer joven doblado dentro de la maleta, la cara visible con un golpe, las cintas negras que alguien había usado para sellar la maleta, la posición del cuerpo que dice que alguien dobló a esa persona para que cupiera en un espacio que no estaba diseñado para contener un cuerpo humano.

La fiscal Leonor Merchan Lopera describió después lo que encontraron.

El cuerpo dentro de la maleta estaba totalmente doblado dentro de ella.

y afuera salía su rostro con un golpe.

El cuerpo era de Valentina Tres Palacios, Hidalgo.

Tenía 23 años.

Era DJ.

Estaba empezando a tener éxito en los festivales de música electrónica de Bogotá.

 Se había apagado sus estudios de comunicación social trabajando en las cabinas de DJ de los clubes nocturnos de la ciudad.

La necropsia determinó que murió por asfixia por estrangulamiento.

La estranguló su novio, un corredor de bolsa estadounidense de 37 años llamado John Nelson Poulos de Wisconsin, que la había conocido por Tinder en abril de 2022, que había viajado a Bogotá para verla, que la noche del 21 de enero salió con ella a una discoteca y que en las primeras horas del 22 de enero en el apartamento del norte de Bogotá, donde se

hospedaban, la golpeó, la estranguló, dobló su cuerpo en la maleta azul con la que había llegado a Colombia.

La selló con cintas negras, la metió en el baúl de un coche que había alquilado, la llevó hasta Fontibón y la tiró en un contenedor de basura.

Y después fue al aeropuerto El Dorado y tomó un vuelo a Panamá.

 Las cámaras de seguridad lo grabaron todo.

La llegada al aeropuerto con la maleta, el momento en que saca la maleta del baúl del coche, el momento en que la arroja al contenedor, el momento en que regresa al coche y se va.

Todo grabado cada segundo.

Dos días después, el 24 de enero, John Poulos fue capturado en el aeropuerto internacional de Tocumen en Ciudad de Panamá.

 estaba intentando abordar un vuelo a Turquía.

Su plan, llegar a Montenegro, el país europeo que no tiene tratado de extradición con Colombia.

Montenegro, el país sin extradición.

La ruta de escape que el corredor de bolsa de Wisconsin había planeado antes de estrangular a su novia colombiana de 23 años.

 El 4 de junio de 2024, John Poulos fue condenado a 42 años y 8 meses de prisión por feminicidio agravado.

Bienvenido a este video.

Hoy contamos la historia completa de Valentina Tres Palacios.

La de la joven bogotana que se pagaba los estudios trabajando como DJ.

la que pensó que había encontrado el amor cuando conoció a un americano por Tinder, la de la relación a distancia que incluía control obsesivo, investigadores privados y acceso a sus redes sociales y la del 22 de enero de 2023, cuando el hombre que decía amarla

la estranguló, la dobló en una maleta y la tiró a la basura.

Todo lo que cuento aquí tiene fuentes verificadas.

El expediente judicial, las cámaras de seguridad, la sentencia del juez.

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Gracias.

La historia empieza en Bogotá.

Valentina Tres Palacios Hidalgo creció en Bogotá enfrentando dificultades económicas y familiares que las personas que la conocían describían como las dificultades que muchas jóvenes colombianas enfrentan cuando crecen en familias sin recursos abundantes, pero con la determinación de salir adelante.

Se graduó de comunicación social, la carrera que eligió porque quería entender los medios y la comunicación desde adentro y se pagó los estudios trabajando como DJ en los clubes nocturnos de Bogotá.

las noches en las cabinas poniendo la música que hacía bailar a las personas que iban a los clubes mientras ella acumulaba las horas de trabajo que le permitían pagar la matrícula de la universidad, la doble vida de la estudiante de día y la DJ de noche, la disciplina que eso requiere, la capacidad de manejar dos mundos

simultáneamente que dice algo sobre quién era Valentina como persona.

Alguien que no esperaba que las cosas le llegaran, sino que iba a buscarlas.

El mundo del DJ en Bogotá tiene su propia estructura.

Los clubes que contratan a los que tienen talento y presencia, los festivales que invitan a los que acumulan seguidores y que producen las sesiones que el público quiere escuchar.

 La carrera que se construye set por set, noche por noche, festival por festival.

Valentina estaba empezando a crecer en ese mundo.

Los festivales de música electrónica la empezaban a incluir en sus programaciones.

Las redes sociales acumulaban seguidores.

La carrera que a los 23 años estaba en el punto donde las carreras de los artistas jóvenes están cuando las cosas empiezan a funcionar.

 Y en abril de 2022 en Tinder conoció a John Pulos.

Antes de seguir, quiero preguntarte algo.

Valentina conoció a John Pulos por Tinder, una aplicación de citas, la herramienta que millones de personas usan para conocer gente, y el hombre que conoció la estranguló 9 meses después.

¿Crees que las aplicaciones de citas tienen alguna responsabilidad cuando las personas que conectan a través de ellas terminan siendo víctimas de violencia o la responsabilidad es exclusivamente del individuo que comete el crimen?

Escríbeme en los comentarios.

John Nelson Poulos era un corredor de bolsa de Wisconsin, Estados Unidos.

Tenía 37 años cuando conoció a Valentina por Tinder en abril de 2022.

14 años mayor que ella.

La relación fue a distancia desde el principio.

Él en Estados Unidos, ella en Colombia, las videollamadas, los mensajes, la comunicación digital que las parejas a distancia mantienen cuando están separadas por miles de kilómetros y por la frontera que separa a los dos países.

Según lo que la investigación documentó, solo se vieron tres veces en persona antes del fin de semana en que Paulos la mató.

Tres encuentros en 9 meses de relación.

La relación no era sólida ni constante”, declaró el propio Paulos durante el juicio.

La declaración que buscaba minimizar la relación para minimizar la responsabilidad si la relación no era seria.

 El argumento implícito era que el crimen era menos grave.

Pero lo que la investigación reveló sobre el comportamiento de Poulos, durante esos 9 meses de relación dice algo completamente diferente de la relación casual que Paulos describió.

Paulos accedía a las redes sociales de Valentina, revisaba quién la seguía y a quién seguía ella.

 Monitoreaba sus interacciones, el control digital que las personas controladoras ejercen cuando quieren saber todo lo que la otra persona hace en el espacio virtual que la otra persona considera privado.

Y contrató a un investigador privado para que vigilara a Valentina en Bogotá, para que le reportara qué hacía, a dónde iba, con quién estaba.

un investigador privado contratado desde Estados Unidos para vigilar a una joven de 23 años en Bogotá.

Eso no es lo que hace una persona en una relación casual que no es ni sólida ni constante.

Eso es lo que hace una persona con una obsesión de control que la distancia entre Wisconsin y Bogotá no puede satisfacer.

Además, mientras tenía la relación con Valentina, Paulos mantenía una segunda relación en Estados Unidos.

La doble vida que las personas controladoras mantienen mientras exigen fidelidad absoluta a la persona que controlan.

El 19 de enero de 2023, John Pulos llegó al aeropuerto El Dorado de Bogotá.

Las cámaras de seguridad lo captaron entrando con una maleta azul.

 La maleta azul, la misma maleta que tres días después contendría el cuerpo de Valentina.

Poulos había alquilado un apartamento en el norte de Bogotá.

Había alquilado un coche por tr días.

Los preparativos que la fiscalía después interpretó como parte de la planificación del crimen, el apartamento donde la mataría, el coche para trasladar el cuerpo y la maleta para ocultarlo.

 El viernes 20 de enero, Valentina fue vista entrando al apartamento.

Las cámaras de seguridad del edificio la registraron.

La joven que iba a pasar el fin de semana con el novio americano que había viajado para verla.

El sábado 21 de enero por la noche, los dos salieron juntos a una discoteca en Bogotá.

Valentina compartió estados de WhatsApp mostrando que estaba con pulos.

 Los registros digitales de una noche que parecía normal.

La DJ saliendo de fiesta con su novio.

Esa fue la última vez que Valentina fue vista con vida fuera del apartamento.

Lo que pasó después de que regresaron al apartamento en las primeras horas del domingo 22 de enero es lo que la fiscalía reconstruyó con la evidencia forense y con la confesión que Poulos eventualmente dio.

 Poulos la golpeó, la redujo físicamente de forma severa, según las palabras del fiscal Santiago Vázquez, y la estranguló.

No fue un acto de amor o de sexo o que el señor Poulos se excedió un poquito, dijo el fiscal.

No, aquí no se excedió un poquito.

Aquí lo que se evidencia es que Valentina Tres Palacios fue brutalmente golpeada, reducida físicamente en forma severa y subyugada por un hombre.

 El hermano de Valentina, Felipe I Palacios, lo dijo con las palabras del que conoce a su hermana.

Ella, yo siento que se defendió, que estaba despierta, consciente, una muchacha de 21 años, delgadita, con un tipo de estos lo que le hizo.

Valentina se defendió, peleó, pero el hombre de 37 años era más grande y más fuerte que la joven de 23.

 Después de matarla, Poulos dobló el cuerpo de Valentina y lo metió en la maleta azul con la que había llegado a Colombia tres días antes.

La misma maleta que las cámaras del aeropuerto habían registrado cuando llegó, selló la maleta con cintas negras, metió la maleta en el baúl del coche que había alquilado.

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 condujo hasta el barrio Los Cámbulos, en la localidad de Fontibón, cerca del aeropuerto, y arrojó la maleta con el cuerpo de Valentina dentro de un contenedor de basura en la calle.

Las cámaras de seguridad de la zona lo grabaron.

El hombre que saca la maleta del baúl del coche la arroja al contenedor, regresa al coche y se va.

Después devolvió el coche en el aeropuerto El Dorado y tomó un vuelo a Ciudad de Panamá.

Aquí quiero preguntarte algo.

Poulos la estranguló, la metió en una maleta, la tiró a la basura y el juez dijo, “El sentido común es acudir, llamar un médico por si está inconsciente.” Pero él la dio por muerta y la escondió.

 ¿Qué tipo de persona hace eso? ¿La mete en una maleta, la dobla para que que la tira a la basura como si fuera un objeto? escríbeme en los comentarios porque esa pregunta dice algo sobre la cosificación que el juez identificó como el centro de este crimen.

La captura de John Pulos en Panamá el 24 de enero de 2023 fue el resultado de la coordinación entre la policía colombiana y las autoridades panameñas que actuaron con la velocidad que el caso requería.

 Paulos había llegado a Ciudad de Panamá desde Bogotá.

Su plan era tomar un vuelo a Turquía y desde Turquía llegar a Montenegro, el país europeo que no tiene tratado de extradición con Colombia.

La ruta que dice que Poulos no solo planeó el crimen, sino que planeó la fuga con la precisión de alguien que había investigado, qué países no lo devolverían a Colombia.

 Las autoridades colombianas emitieron la orden de captura.

Interpol la difundió y en el aeropuerto de Tokumen, antes de que pudiera abordar el vuelo a Turquía, Poulos fue detenido, fue deportado a Colombia, entregado a la fiscalía y recluido en la cárcel La Picota de Bogotá.

En la audiencia de imputación de cargos, Paouos fue acusado de feminicidio agravado y de ocultamiento de material probatorio.

 No aceptó los cargos.

Cuando se le preguntó por qué había huído a Panamá, su respuesta fue la del extranjero que intenta usar los prejuicios sobre Colombia como defensa.

Hay una percepción en Estados Unidos de que en Colombia la policía es muy corrupta.

Sentí que no iba a tener un juicio justo.

La corrupción de Colombia como excusa para huir después de matar a una colombiana y tirarla a la basura.

 El juicio de John Poulos se extendió durante más de un año y durante ese año Poulos pasó de negar el crimen a confesarlo parcialmente con la versión que la fiscalía y el juez rechazaron completamente.

El 6 de marzo de 2024, Paulos confesó que había matado a Valentina, pero dijo que fue accidental, que ocurrió durante las relaciones sexuales, que la asfixió con un accesorio que ella llevaba en el cuello, que no fue premeditado.

 I just completely broke down.

It was the girl that I love.

Imagine killing someone that you love, dijo en inglés durante su declaración.

Estaba completamente destrozado.

Era la chica que yo amaba.

Imagínese matar a alguien a quien amas.

Las palabras del hombre que dice que la amaba y que la mató accidentalmente.

Las palabras que el juez escuchó y que rechazó con la claridad que la evidencia le daba.

No nos venga a meter el cuento de que fue un homicidio culposo o simple, dijo el juez.

No prospera.

En cambio, el feminicidio sí.

El objetivo era el control sobre Valentina en todo lo que hacía, al punto de que ella tenía que rendirle cuentas diarias.

El juez fue directo.

El sentido común es acudir, llamar un médico por si está inconsciente.

Pero él la dio por muerta y la escondió.

Y la procuraduría fue igualmente directa.

Valentina abandonó el seno de su hogar para construir uno propio, pero allí, tras un solo día de convivencia, fue violentada por su pareja sentimental.

  Y no solo eso, sino que su cuerpo fue empacado en una maleta de viaje y arrojado en un contenedor de basura, mientras su agresor huía del país.

Quería desquitarse de Valentina por esos celos que no podía controlar.

Quería coscificarla.

Para Pulos, ella era un objeto, dijo el juez.

Un objeto.

La palabra que describe exactamente lo que Paulos hizo con el cuerpo de Valentina después de matarla, la metió en una maleta, la tiró a la basura como si fuera un objeto que ya no le servía.

El 4 de junio de 2024,

John Pulos fue condenado a 512 meses de prisión, 42 años y 8 meses, sin beneficios, sin reducción de pena, sin casa por cárcel, con la prohibición de acercarse a la familia de Valentina durante 20 años y con la orden de ser expulsado de Colombia una vez que cumpla la condena.

En noviembre de 2025, Poulos fue trasladado de la picota en Bogotá a la tramacúa en Valledupar, una de las cárceles más duras de Colombia, el penal donde están algunos de los criminales más repudiados del país.

 Según los reportes de los medios colombianos, su comportamiento en la trama Cuba ha sido calificado como insoportable.

Discusiones con los guardias, conflictos con otros reclusos.

la solicitud de hablar con su abogado y con la embajada de Estados Unidos para que lo devolvieran a Bogotá.

La queja por el calor insoportable de Valleupar y la supuesta alergia a las abejas que usó como argumento para rechazar el traslado.

 El hombre que estranguló a una colombiana de 23 años y la tiró a la basura quejándose del calor de la cárcel colombiana donde cumple la condena.

42 años y 8 meses en la Tramacúa, con el calor de Valledupar, con los criminales más peligrosos de Colombia como compañeros y Valentina Tres Palacios con 23 años para siempre.

Para terminar la historia de Valentina Tres Palacios, hay que hablar de lo que su caso dice sobre las relaciones a distancia a través de aplicaciones de citas y sobre los riesgos que esas relaciones producen cuando la persona del otro lado de la

pantalla no es quien dice ser.

Valentina conoció a Paulos por Tinder, la aplicación que conecta a personas que no se conocen con la promesa de que la conexión puede producir algo bueno y en muchos casos lo [carraspeo] produce.

Las parejas que se conocieron por Tinder y que construyeron relaciones sanas y duraderas son millones.

 Pero el caso de Valentina dice que la aplicación también puede conectar a una joven de 23 años con un hombre de 37 que controla sus redes sociales, que contrata investigadores privados para vigilarla, que mantiene una segunda relación en otro país y que cuando los celos que no puede controlar llegan al punto de ruptura, la estrangula y la mete en una maleta.

La pantalla no muestra eso.

 El perfil de Tinder no dice controlador obsesivo que te va a estrangular.

Las fotos sonrientes y los mensajes amables no revelan lo que hay detrás.

Valentina no tenía manera de saberlo.

Las tres veces que se vieron en persona no fueron suficientes para que la máscara de Poulos se cayera completamente.

La cuarta vez, la del fin de semana del 22 de enero, fue la vez que la máscara cayó.

 Y para Valentina ya era demasiado tarde.

La joven bogotana que se pagaba los estudios trabajando como DJ, la que estaba empezando a crecer en los festivales de música electrónica, la que pensó que había encontrado el amor en una aplicación de citas, metida en una maleta, tirada en un contenedor de basura por el hombre que decía amarla.

 42 años y 8 meses de condena para Pulos.

y la vida entera que Valentina no va a vivir.

Gracias por quedarte hasta aquí.

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Me ayuda mucho.

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No para asustar, para que sepa que las señales de control existen y que hay que reconocerlas antes de que sea demasiado tarde.

 Nos vemos en el siguiente.

La maleta azul que John Poullos llevó cuando llegó al aeropuerto El Dorado de Bogotá el 19 de enero de 2023 es el objeto que conecta el inicio del viaje con el final del crimen de la manera más directa posible.

Es la misma maleta la que pasó por el control de seguridad del aeropuerto cuando Paulos aterrizó en Colombia, la que las cámaras del aeropuerto registraron cuando la recogió de la banda transportadora, la que llevó al apartamento del norte de Bogotá, donde se hospedó, la que contenía su ropa yEl crimen de una famosa DJ conmueve a Colombia

sus pertenencias durante los tres días que pasó en la ciudad y la que después contina, la misma maleta, la que traía la ropa del corredor de bolsa de Wisconsin fue la que después llevó el cuerpo de la DJ bogotana de 23 años.

La transición de maleta de viaje a ataúd improvisado que ocurrió en las horas posteriores al estrangulamiento.

 El juez señaló ese detalle durante la sentencia.

Poulos había alquilado un coche por tr días.

había llegado con una maleta lo suficientemente grande como para contener un cuerpo.

Había elegido un apartamento en una zona con acceso fácil a las vías que conducen al aeropuerto y a Fontibón.

La fiscalía interpretó esos elementos como indicios de premeditación.

El coche alquilado por tres días exactos, la maleta grande, la ubicación del apartamento, los elementos que juntos configuran el plan que una persona que planea matar y escapar necesita tener resueltos antes de ejecutar el crimen.

Paulos dijo que no fue premeditado.

El juez dijo que las pruebas dicen lo contrario.

 La escena del crimen en el apartamento del norte de Bogotá que la policía procesó en las horas posteriores al hallazgo del cuerpo de Valentina tiene los detalles que el informe forense documentó y que dicen algo sobre la violencia que Paulos ejerció antes del estrangulamiento.

Valentina fue brutalmente golpeada antes de ser estrangulada.

 Las marcas en el cuerpo que la necropsia reveló no eran las marcas de un accidente durante las relaciones sexuales, como Paulos declaró después.

Eran las marcas de una agresión física severa.

Los golpes que una persona más grande y más fuerte produce en el cuerpo de una persona más pequeña y más débil cuando la reduce físicamente antes de matarla.

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 El fiscal Santiago Vázquez lo describió sin ambigüedades.

Aquí lo que se evidencia es que Valentina Tres Palacios fue brutalmente golpeada, reducida físicamente en forma severa y subyugada por un hombre.

Subyugada.

La palabra que dice que Paulos no solo la golpeó, sino que la sometió, que usó la fuerza física para controlarla, que la redujo hasta que no pudo defenderse más.

 Y el hermano de Valentina, Felipe, dijo lo que la familia siente cuando imagina los últimos minutos de la vida de su hermana.

Ella yo siento que se defendió, que estaba despierta, consciente.

Una muchacha de 23 años, delgadita, con un tipo de estos lo que le hizo.

Valentina peleó con las manos, con el cuerpo, con la desesperación de alguien que está siendo estrangulada por la persona que decía amarla y que sabe que si no se defiende va a morir.

 Pero el hombre de 37 años era más fuerte y Valentina no pudo escapar.

El recorrido que Paouos hizo después de matar a Valentina fue registrado por las cámaras de seguridad de Bogotá, con la precisión que los sistemas de vigilancia de una ciudad capital producen cuando la persona que comete el crimen no sabe que cada movimiento está siendo grabado.

 Las cámaras del edificio donde estaba el apartamento registraron a pou saliendo con la maleta azul, la misma maleta que había entrado tres días antes con su ropa y que ahora salía con el cuerpo de Valentina.

Las cámaras del estacionamiento registraron a pulos metiendo la maleta en el baúl del coche alquilado.

 El esfuerzo de levantar una maleta que ahora pesaba lo que pesa el cuerpo de una mujer de 23 años.

Las cámaras de las calles de Bogotá registraron el coche alquilado haciendo el recorrido desde el norte de la ciudad hasta Fontibón, la ruta que Pulos tomó con el cuerpo de su novia en el baúl y las cámaras de la zona de Fontibón registraron el momento exacto en que Pulo sacó la maleta del baúl del coche, la arrojó al contenedor de basura y regresó al coche para irse.

Todo grabado.

cada segundo de la secuencia que va desde la salida del edificio hasta el contenedor de basura.

La evidencia que la fiscalía presentó en el juicio y que hizo imposible que Paulos negara lo que las imágenes mostraban con la claridad que las cámaras digitales producen.

El corredor de bolsa de Wisconsin que planeó la fuga a Montenegro, pero que no planeó que la ciudad de Bogotá tuviera cámaras de seguridad en cada esquina.

 Colombia siguió el caso de Valentina Tres Palacios en tiempo real, desde el momento en que el cuerpo fue encontrado en el contenedor de basura hasta la sentencia de 42 años.

El caso se convirtió en el feminicidio más mediático de Colombia en los últimos años.

Las manifestaciones en las calles de Bogotá pidiendo justicia, los plantones frente a los juzgados, las velatones con las fotos de Valentina, las redes sociales que acumulaban millones de publicaciones con el hashtag justicia para Valentina.

 La magnitud de la reacción pública dice algo sobre lo que el caso de Valentina activó en la sociedad colombiana.

No fue solo el crimen, fue la manera en que el crimen fue cometido.

La maleta, el contenedor de basura.

La cosificación que el juez identificó como el centro del acto.

El hombre que trató el cuerpo de la mujer que decía amar como si fuera basura.

 La imagen de Valentina metida en una maleta y arrojada a un contenedor de basura condensó todo lo que el movimiento contra el feminicidio en Colombia llevaba años intentando comunicar que para algunos hombres las mujeres son objetos, que cuando el objeto deja de servir se descarta, que la violencia de género no es solo el golpe, sino la deshumanización que permite que un hombre meta a una mujer en una maleta y la tire a la basura.

 Las marchas que siguieron al caso de Valentina llevaban sus fotos.

La joven sonriente, la DJ en la cabina, la imagen de alguien que estaba empezando a construir su vida y que fue tratada como basura por el hombre que decía amarla.

La ruta de escape que Paulos planificó dice algo sobre el nivel de premeditación que la fiscalía demostró en el juicio y que el juez aceptó al dictar la sentencia.

Bogotá a Panamá.

Vuelo directo.

Pocas horas.

Panamá a Turquía, vuelo con escala.

El trayecto que saca al fugitivo del continente americano y lo pone en un país que no tiene jurisdicción sobre crímenes cometidos en Colombia.

Turquía a Montenegro, el destino final.

Montenegro no tiene tratado de extradición con Colombia.

 Si Paoulos hubiera llegado a Montenegro, Colombia no habría podido solicitar su devolución a través de los mecanismos legales normales.

La planificación de esa ruta requiere investigación previa, requiere saber qué países tienen tratado de extradición con Colombia y cuáles no.

Requiere comprar los boletos, requiere tener el pasaporte y los documentos en orden para cruzar las fronteras de tres países.

Todo eso dice premeditación.

 El hombre que sabía que iba a matar y que tenía la ruta de escape planificada antes de cometer el crimen.

Poulos dijo que huyó porque tenía miedo de la corrupción en Colombia, que la percepción en Estados Unidos es que la policía colombiana es corrupta, que no iba a tener un juicio justo.

La excusa del gringo que huye a Panamá después de matar a una colombiana y que dice que huyó porque la policía colombiana es corrupta.

 El cinismo que las personas que cosifican a las personas de otros países producen cuando usan los prejuicios sobre esos países como defensa.

El juez no se lo compró, la fiscalía no se lo compró, el jurado de la opinión pública colombiana no se lo compró y la captura en el aeropuerto de Tokumen en Panamá antes de que pudiera abordar el vuelo a Turquía.

 Fue el momento en que la ruta de escape se interrumpió y la justicia colombiana recuperó al hombre que había planeado escapar de ella.

La familia de Valentina Tres Palacios, que quedó con el dolor después del 22 de enero de 2023, es la familia que durante el juicio estuvo presente en cada audiencia pidiendo justicia.

Felipe Tres Palacios, el hermano, el que describió a Valentina como una joven talentosa y trabajadora, el que dijo que ella se defendió, el que estuvo en cada audiencia del juicio mirando al hombre que había matado a su hermana.

Carlos Tres Palacios, el tío, el que en las primeras horas después del hallazgo del cuerpo habló con los medios diciendo que la niña apareció en Fontibón desmembrada.

 La información inicial que los familiares recibieron antes de que la fiscalía les diera los detalles completos de lo que había ocurrido.

La madre de Valentina, las amigas, la comunidad de DJs de Bogotá, que perdió a una de las suyas de la manera más violenta posible.

Los abogados de la familia pidieron que la condena fuera la más alta posible, sin beneficios, sin reducción, sin casa por cárcel.

 La petición que el juez escuchó y que aceptó al dictar los 512 meses de prisión, la familia de Valentina obtuvo la condena, pero la condena no devuelve a Valentina.

Los 42 años que Paulos pasará en la cárcel no le devuelven a la familia los años que Valentina habría vivido, los hijos que habría tenido, la carrera que habría construido, los sets que habría puesto en los festivales, la vida que un hombre le quitó en un apartamento del norte de Bogotá.

 Una madrugada de enero, la justicia llegó, pero la justicia no repara.

La justicia castiga y el castigo de Poulos en la tramacúa con el calor de Valledupar y los criminales más peligrosos de Colombia no le devuelve a la familia lo que perdió.

Valentina Tres Palacios, Hidalgo, Bogotá, 23 años.

DJ, comunicación social, Tinder, John Polos, la maleta azul, el contenedor de basura, la ruta a montro que no se completó y las cámaras que grabaron todo.

El fenómeno de los feminicidios cometidos por parejas extranjeras en Colombia tiene en el caso de Valentina Tres Palacios.

 El ejemplo más visible, pero no el único que el país ha registrado en los últimos años.

Colombia se ha convertido en un destino para turistas de todo el mundo que llegan buscando diferentes cosas.

Algunos buscan la cultura, la gastronomía, los paisajes.

Otros buscan las relaciones con mujeres colombianas que las aplicaciones de citas facilitan desde la distancia y que los vuelos baratos hacen accesibles.

 La relación entre el turismo romántico y la violencia de género tiene una dimensión que las autoridades colombianas han empezado a visibilizar después del caso de Valentina.

Los hombres extranjeros que llegan a Colombia con la expectativa de que las mujeres colombianas son accesibles, dóciles, controlables, los que confunden la hospitalidad con la sumisión.

 Los que cuando la mujer colombiana demuestra ser una persona con voluntad propia y no el objeto que imaginaban, reaccionan con la violencia que las personas controladoras producen cuando pierden el control.

John Pulos llegó a Colombia con esa mentalidad.

La del hombre que controla las redes sociales de su novia desde otro país.

 La del que contrata investigadores privados para vigilarla.

La del que mantiene una segunda relación en su país mientras exige fidelidad absoluta a la mujer que está en el otro.

Y cuando Valentina no se ajustó a lo que Paulos esperaba, cuando los celos que no podía controlar llegaron al punto de ruptura, la respuesta fue la violencia más extrema posible.

 El juez lo dijo con las palabras más claras.

Quería desquitarse de Valentina por esos celos que no podía controlar.

Quería cosificarla.

Para Paulos, ella era un objeto.

Un objeto.

La mujer colombiana como objeto del hombre extranjero.

La cosificación que produce la violencia cuando el objeto deja de funcionar como el dueño espera que funcione.

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  La carrera de Valentina como DJ tiene una historia que el caso judicial oscureció, pero que dice algo sobre quién era ella más allá de la víctima.

Valentina no era solo la víctima de un feminicidio, era una artista, una DJ que estaba construyendo su nombre en la escena de la música electrónica de Bogotá con la dedicación y el talento que la industria requiere.

La música electrónica en Bogotá tiene una escena vibrante que los últimos años ha crecido con la velocidad que las ciudades latinoamericanas producen cuando la juventud encuentra en la música electrónica el espacio de expresión que necesita.

Los clubes nocturnos de Bogotá, donde los DJs locales tocan junto a los DJs internacionales que llegan de gira.

 Los festivales que acumulan audiencias de miles de personas.

Las plataformas de streaming donde los sets de los DJs bogotanos llegan a audiencias globales.

Valentina estaba empezando a ocupar un lugar en esa escena.

los sets que ponía en los clubes, las invitaciones a los festivales, la presencia en redes sociales que acumulaba seguidores con la velocidad que el talento real produce cuando las plataformas lo amplifican y simultáneamente estudiaba comunicación social.

 La carrera que se pagaba con el trabajo nocturno de DJ, la doble vida que requiere la disciplina de ir a la universidad durante el día después de haber trabajado hasta las 4 de la madrugada en un club.

Esa Valentina, la artista y la estudiante, es la Valentina que el caso judicial no cuenta.

 El expediente habla de la víctima, de las heridas, de la maleta, del contenedor, de la sentencia, pero no habla de los sets que Valentina ponía con la pasión que los DJs tienen cuando están haciendo lo que aman.

No habla de las horas de estudio en la universidad, no habla de los sueños que tenía para su carrera.

Esa Valentina se perdió.

No solo la persona física que Pablo estranguló, también la artista que habría seguido creciendo, la DJ que habría llegado a los festivales más grandes, la comunicadora social que habría terminado la carrera y habría hecho algo con ese título.

Todo eso se perdió en un apartamento del norte de Bogotá una madrugada de enero porque un hombre de Wisconsin decidió que si no podía controlarla completamente iba a destruirla.

 Las señales de alerta que la relación entre Valentina y Poulos producía antes del crimen son las señales que los expertos en violencia de género identifican como los indicadores más claros de que una relación puede terminar en violencia.

Extrema, el control de las redes sociales, el hombre que revisa quién la sigue y a quién sigue ella.

 El que monitorea cada interacción digital con la obsesión del que necesita saber todo lo que la otra persona hace en el espacio virtual.

La contratación de un investigador privado, el paso que va más allá del control digital y que entra en el territorio de la vigilancia física.

El hombre que paga a alguien para que siga a su novia y le reporte sus movimientos.

Los celos desproporcionados.

La reacción que la persona controladora tiene cuando la persona controlada hace algo que no estaba en el guion, que el controlador había escrito para ella.

La doble vida.

El hombre que exige fidelidad absoluta mientras mantiene otra relación en su propio país.

La hipocresía que las personas controladoras no ven como hipocresía porque consideran que las reglas que aplican a la otra persona no les aplican a ellos.

 Todas esas señales estaban presentes en la relación entre Valentina y Paulos antes del 22 de enero de 2023.

Todas visibles para alguien que supiera leerlas.

Pero las señales de alerta en las relaciones a distancia son más difíciles de leer que en las relaciones presenciales.

La distancia entre Wisconsin y Bogotá ocultaba parte de lo que la proximidad habría revelado.

 El control de las redes sociales se podía confundir con interés, los celos se podían confundir con amor, la obsesión se podía confundir con pasión.

Valentina tenía 23 años.

La edad en que la experiencia con las relaciones no siempre incluye la capacidad de distinguir entre el amor y el control, entre la pasión y la obsesión, entre el interés y la vigilancia.

 Y cuando las señales se hicieron evidentes, cuando la máscara de Poulos cayó completamente en el apartamento del norte de Bogotá esa madrugada de enero, ya era demasiado tarde.

El sistema de cámaras de seguridad de Bogotá que registró cada movimiento de John Pulos desde su llegada al aeropuerto hasta el momento en que tiró la maleta al contenedor de basura, merece un reconocimiento en esta historia porque fue la herramienta que hizo imposible que Pulos negara lo que había hecho.

 Bogotá tiene uno de los sistemas de videovigilancia más extensos de América Latina.

Las cámaras que el gobierno de la ciudad ha instalado en las calles, en los edificios públicos, en las intersecciones de las avenidas principales, las cámaras que los edificios residenciales y comerciales tienen como parte de sus sistemas de seguridad.

 Ese sistema de cámaras convirtió cada movimiento de pulos en evidencia judicial.

Cada paso que dio desde el momento en que salió del apartamento con la maleta hasta el momento en que la tiró al contenedor quedó registrado.

La ruta completa del crimen filmada desde múltiples ángulos por múltiples cámaras.

Cuando la fiscalía presentó las imágenes en el juicio, Paulos no pudo negar lo que las imágenes mostraban.

 El hombre sacando la maleta del baúl, el hombre arrojándola al contenedor.

El hombre regresando al coche.

El hombre yéndose.

Las cámaras no mienten, no interpretan, no tienen sesgo.

Muestran lo que ocurrió de la manera en que ocurrió.

Y lo que mostraron fue a un hombre tirando a la basura a la mujer que decía amar.

Sin las cámaras de Bogotá, Poulos habría llegado a Montenegro.

 Sin las cámaras, la versión del accidente durante las relaciones sexuales habría sido más difícil de refutar.

Sin las cámaras, la justicia para Valentina habría sido más difícil de obtener.

Las cámaras de Bogotá le dieron a Valentina la justicia que el sistema de vigilancia de la ciudad produjo como efecto secundario de su función principal.

 La condena de 42 años y 8 meses que el juez le impuso a Pulos tiene también una dimensión que conecta con la conversación colombiana sobre las penas para los feminicidas y sobre las penas existentes son suficientes para producir el efecto disuasorio que la sociedad espera.

La fiscalía había pedido 60 años, la pena máxima disponible.

  El juez impuso 42 años y 8 meses.

La diferencia entre lo que la fiscalía pedía y lo que el juez dictó produjo reacciones en la opinión pública colombiana que iban desde la satisfacción por la condena hasta la frustración por la diferencia con la pena máxima solicitada.

Pero 42 años y 8 meses es una condena que en la práctica significa que Paulos pasará la mayor parte de lo que le queda debida en una cárcel colombiana.

tiene 37 años.

Si cumple la condena completa, saldrá a los 79.

Una vida entera en prisión y no cualquier prisión.

La tramacúa en Valleedupar, el penal de alta y media seguridad donde están los criminales más peligrosos de Colombia, los narcotraficantes, los asesinos en serie, los violadores, las personas que el sistema penitenciario colombiano separa de la población general por la peligrosidad de sus delitos.

 El corredor de bolsa de Wisconsin que llegó a Colombia para ver a su novia de Tinder compartiendo celda con los criminales más peligrosos del país.

La distancia entre la vida que Poulos tenía en Wisconsin y la vida que tiene ahora en la tramacúa es la distancia que 42 años de condena producen y la prohibición de acercarse a la familia de Valentina durante 20 años y la orden de expulsión de Colombia una vez que cumpla la condena.

 el país que Pablos eligió como el lugar donde cometer su crimen y que será el país donde pase el resto de su vida productiva encerrado.

Para terminar completamente la historia de Valentina Tres Palacios, hay que volver a la maleta azul y a lo que esa maleta significa como símbolo del feminicidio en Colombia y en América Latina.

La maleta azul se convirtió en el símbolo del caso.

 La imagen que condensaba todo el horror del crimen en un solo objeto.

La maleta que contenía el cuerpo de una mujer de 23 años.

La maleta que fue arrojada a un contenedor de basura.

La maleta que un reciclador abrió en una calle de Fontibón.

Esa imagen, la de la mujer en la maleta, se convirtió en la imagen que el movimiento contra el feminicidio en Colombia usó como símbolo de lo que la violencia de género produce cuando llega a su punto más extremo.

 No solo la muerte, también la deshumanización posterior, el cuerpo tratado como basura, la persona convertida en objeto y después convertida en desecho.

Las marchas que siguieron al caso de Valentina llevaban maletas azules como símbolo.

Las protestas frente a los juzgados tenían maletas azules en el centro de las pancartas.

 La maleta azul como el recordatorio visual de lo que un hombre le hizo a una mujer y de lo que el sistema tiene que cambiar para que no vuelva a ocurrir.

Valentina Tres Palacios, Hidalgo, Bogotá, 23 años.

DJ, comunicación social, Tinder, Tres encuentros, la maleta azul, el contenedor de basura, las cámaras que grabaron todo, la captura en Panamá, Turquía, Montenegro, el juicio, la condena, la tramacúa y la pregunta que el caso deja para todas las mujeres que usan aplicaciones de citas y que confían en que la persona del otro lado de la

pantalla es quien dice ser, ¿cómo se distingue? El amor del control, la pasión de la obsesión, el interés de la vigilancia.

Valentina no pudo distinguirlo a tiempo y pagó con su vida la incapacidad de distinguirlo.

que su historia sirva para que otras puedan distinguirlo antes de que sea demasiado tarde.

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